El escándalo global por la publicación de nuevos documentos del caso de Jeffrey Epstein terminó por salpicar, de manera indirecta, al fútbol chileno. Esta vez, el vínculo aparece a través de la agencia Wasserman, una de las más influyentes del deporte mundial y que representa, entre otros, al entorno del delantero de la Roja, Ben Brereton.
Según los antecedentes revelados, el foco de la polémica está en Casey Wasserman, fundador de la agencia, quien figura en los archivos desclasificados por su intercambio de correos con Ghislaine Maxwell, mano derecha de Epstein y condenada por tráfico sexual. Si bien el empresario no ha sido acusado de delitos, la sola aparición en estos documentos desató una crisis reputacional de escala global, con figuras del deporte y el espectáculo cuestionando sus vínculos con la compañía.
En ese escenario, el nombre de Brereton emerge por su representación: su entorno profesional está ligado a Wasserman, lo que lo conecta indirectamente con una estructura hoy bajo fuerte escrutinio público. No se trata de una implicancia directa del jugador, sino de su posición dentro de una red de representación que hoy enfrenta cuestionamientos éticos y de imagen.
El episodio vuelve a instalar un tema incómodo en el fútbol moderno: el peso de las agencias en la carrera de los futbolistas y cómo los conflictos fuera de la cancha pueden impactar en su entorno profesional. Porque aunque el delantero chileno no tenga relación con los hechos investigados, su nombre queda inevitablemente asociado al ecosistema que hoy está bajo la lupa.
Pero la dimensión del caso no se agota en el fútbol. Casey Wasserman no solo lidera una de las agencias más poderosas del deporte mundial, sino que además es el presidente del comité organizador de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Un rol institucional de máxima relevancia que ahora también queda expuesto al impacto de esta controversia, abriendo una nueva arista: la presión sobre uno de los eventos deportivos más importantes del planeta y la necesidad de resguardar su imagen ante un escándalo que ya trascendió la industria del entretenimiento y golpea de lleno al corazón del negocio deportivo global.