Para los amantes de las métricas el mal momento de la U también se puede explicar desde los números. La derrota por 2-1 ante Huachipato en Talcahuano volvió a mostrar una cara preocupante en el equipo dirigido por Francisco Meneghini, una más luego del amistoso frente a Universitario y el empate sin goles en el estreno ante Audax.
El arranque de Universidad de Chile en la Liga de Primera 2026 no solo genera inquietud desde los resultados, sino que enciende señales de alerta cuando se analizan los datos de rendimiento. En sus dos primeros partidos oficiales el equipo azul muestra cifras que lo ubican entre los peores del torneo tanto en producción ofensiva como en control defensivo.
En ataque, Universidad de Chile registra apenas 14 remates totales en dos partidos, lo que equivale a 7,0 remates por encuentro, uno de los registros más bajos del campeonato. Solo supera a Unión La Calera, que aún no completa su segundo compromiso. El problema se profundiza al observar la precisión: el equipo suma solo 3 remates a portería, es decir, 1,5 remates al arco por partido, con un porcentaje de remates a portería del 21,4 por ciento, muy por debajo del promedio de la liga.
La eficiencia ofensiva tampoco ofrece señales positivas. Universidad de Chile presenta 0,07 goles por remate, una cifra que refleja la dificultad para transformar intentos en goles, y 0,33 goles por remate a portería, lo que evidencia que incluso cuando logra exigir al arquero rival, la conversión sigue siendo baja. En términos simples, el equipo remata poco, remata mal y no logra sostener ataques que se traduzcan en peligro constante.
El análisis defensivo refuerza la preocupación. En estos dos encuentros, Universidad de Chile recibió 17 remates, de los cuales 11 fueron a portería, lo que equivale a 8,5 remates recibidos por partido y 5,5 remates al arco en contra por encuentro. El dato más elocuente es el porcentaje de remates a portería del rival, que alcanza un 64,7 por ciento, una cifra extremadamente alta que revela que los adversarios llegan con ventaja posicional y rematan con claridad.
Dicho de otro modo, a Universidad de Chile le rematan mucho y le rematan bien. Los rivales no solo encuentran espacios para finalizar las jugadas, sino que lo hacen desde zonas favorables y sin demasiada oposición, exponiendo a la última línea y al arquero partido tras partido.
Tras dos fechas disputadas, las métricas entregan un diagnóstico incómodo para el proceso de Paqui Meneghini. Universidad de Chile no muestra una ofensiva confiable ni un ataque de calidad, pero tampoco logra controlar los partidos cuando no tiene el balón. En un campeonato sin demasiado margen de error, los números advierten antes que la tabla: si no hay ajustes estructurales, el problema no será una mala racha, sino un funcionamiento que hoy no está dando resultados.