Cuando Pablo Milad asumió la presidencia de la ANFP en 2020, lo hizo bajo la consigna de “ordenar la casa” y devolver la estabilidad al fútbol chileno. Sin embargo, con el paso de los años, su gestión quedó asociada a la inestabilidad económica, el descrédito institucional y la pérdida de influencia internacional.
El contexto no fue sencillo: el estallido social de 2019 y la pandemia golpearon con fuerza las finanzas del fútbol nacional, pero la falta de una estrategia clara y de liderazgo efectivo agravó los problemas. La deuda con TNT Sports, heredada parcialmente de los años anteriores, se transformó en una bola de nieve que comprometió los ingresos de los clubes y la relación con el principal socio televisivo. El fallo arbitral que condenó a la ANFP a pagar más de 34 mil millones de pesos a la cadena televisiva por los partidos no disputados fue uno de los golpes más duros a las arcas del organismo. Milad, sin margen de maniobra, debió aceptar un plan de pago que afectó directamente los ingresos de los clubes.
El golpe más doloroso: Qatar 2022 y el declive de la Roja
La eliminación del Mundial de Qatar 2022 fue el punto de inflexión. Con una generación dorada que ya mostraba signos de desgaste, la gestión técnica fue errática: cambios de entrenadores, falta de planificación y conflictos internos sellaron el fracaso. Milad apostó por Martín Lasarte luego de reemplazar a Reinaldo Rueda quien fuera despedido en a inicios del 2021.
Antes del proceso rumbo a 2026, el propio Milad aseguró: “No hay ninguna excusa para no ir al Mundial. Con seis cupos y medio, no hay ninguna excusa”. La frase, pronunciada con optimismo, terminó volviéndose en su contra tras la segunda eliminación consecutiva, que confirmó el derrumbe del modelo deportivo.
Estadios inseguros y descontrol institucional
Uno de los mayores escándalos de su mandato fue la crisis de seguridad en los estadios. La violencia en los recintos deportivos se volvió una constante: barras desbordadas, fuegos artificiales, agresiones a jugadores y suspensiones de partidos. A pesar de los compromisos públicos con el Gobierno y Carabineros, la ANFP fue incapaz de implementar un plan efectivo de control.
“Nos preocupa que estos hechos puedan perjudicar la imagen del fútbol chileno a nivel internacional”, reconoció Milad tras uno de los incidentes más graves en el extranjero. En otra oportunidad, admitió: “Tuvo que haber negligencia dentro del proceso, porque esto no habría pasado. La evacuación no fue la correcta”. Sus palabras, sin embargo, no fueron acompañadas de medidas estructurales, y el descontrol siguió marcando la temporada.
El quiebre con Endler y las críticas de las figuras emblemáticas
La renuncia de Christiane Endler a la selección femenina fue una de las crisis más representativas del descontento interno. La arquera histórica de la Roja explicó que su decisión se debía a la falta de apoyo institucional y a la precariedad del proyecto federativo.
“Me estaba afectando demasiado la situación de la selección. Muchas veces logras cosas, pero llega un presidente nuevo y hay que empezar de cero. Es muy desgastante”, declaró Endler. También criticó la desorganización durante los Juegos Panamericanos, donde “no teníamos permiso para jugar, y eso lo sabían la Federación y los entrenadores”.
La arquera resumió su decepción en una frase que resonó con fuerza: “Cada vez que hay cambio de directiva, hay que volver a pedir condiciones mínimas. Traen gente sin experiencia a cargos importantes”. Sus palabras reflejaron una fractura entre las jugadoras y la administración, en un contexto donde el fútbol femenino perdió impulso tras años de avances.
El adiós al Mundial 2030 y la pérdida de protagonismo internacional
Otro golpe simbólico fue la exclusión de Chile de la organización del Mundial 2030. El país fue parte del bloque original junto a Argentina, Uruguay y Paraguay, pero finalmente quedó fuera de la sede tras la decisión de la FIFA.
La noticia fue interpretada como un fracaso diplomático y una muestra del retroceso del peso político del fútbol chileno. Milad, que había anunciado el proyecto con entusiasmo en 2021, no logró mantener a Chile en la mesa de negociación. El país pasó de ser candidato a anfitrión a mero espectador, perdiendo una oportunidad histórica de reposicionar su imagen deportiva a nivel global.
Tribunales, sanciones y pérdida de credibilidad
Durante su mandato, la ANFP se vio envuelta en múltiples conflictos judiciales con clubes. Demandas por repartos de dinero, descensos polémicos, castigos administrativos y fallos revertidos marcaron un clima de tensión constante.
Dirigentes como Juan Tagle, presidente de Cruzados, criticaron públicamente la conducción de Milad: “El tema de cómo se comunica a la opinión pública las actividades del fútbol es muy deficiente”. En tanto, Jorge Contador, timonel de Coquimbo Unido, fue más duro: “No ha logrado los objetivos que él mismo se fijó. En el fútbol formativo no hay crecimiento, y si no lo hay, el recambio se transforma en buenas intenciones”. Estos conflictos evidenciaron un sistema desgastado, con decisiones administrativas que generaron más desconfianza que soluciones.
El derrumbe deportivo: Mundial 2026 y el bochorno Sub 20
El segundo fracaso consecutivo rumbo al Mundial 2026 confirmó el desplome del proyecto deportivo. Chile terminó colista en las Eliminatorias, sin posibilidades de acceder siquiera al repechaje. La frase de Milad sobre que “no había excusas” se volvió el reflejo más crudo de una dirigencia desconectada de la realidad futbolística.
A nivel juvenil, el Mundial Sub 20 de 2025, organizado en Chile, debió ser una vitrina de renovación. Sin embargo, la Roja juvenil fue eliminada de manera catastrófica ante México en los octavos de final, en medio de críticas a su jefe de selecciones juveniles, hicieron de una fiesta una verdadera pesadilla para Quilín. Lo que debía ser una celebración del fútbol formativo terminó en un bochorno que simbolizó el ocaso del proceso Milad.
Un legado bajo la lupa
Hoy, con una ANFP fragmentada y un fútbol nacional sumido en una de sus mayores crisis en décadas, la figura de Pablo Milad queda asociada al desorden y la desilusión. Su gestión dejó como herencia deudas millonarias, fracasos internacionales, conflictos internos y un ambiente de desconfianza generalizada. De prometer “ordenar la casa”, Milad terminó al frente de una federación más cuestionada que nunca, con clubes divididos, jugadores desencantados y un público que perdió la fe. Su legado será recordado no por los triunfos, sino por los errores que marcaron una de las etapas más oscuras del fútbol chileno moderno.