Deportes Limache es, hasta ahora, la gran sorpresa del arranque de la Liga de Primera 2026. Líder del torneo, competitivo y con una idea clara de juego, el equipo de Víctor Rivero disfruta de un presente que contrasta brutalmente con un déficit que amenaza con transformarse en crisis: los minutos Sub 21.
Tras tres fechas, el cuadro “tomatero” apenas registra 5 minutos acumulados, el peor rendimiento del campeonato en esta materia y muy lejos de los 1.890 exigidos por reglamento. Una cifra que no solo enciende alertas, sino que deja en evidencia un problema de planificación.
Y es que el dato clave está en la conformación del plantel. Limache cuenta solo con tres alternativas Sub 21: Benjamín Molina, Flavio Moya (préstamo Universidad de Chile) y Vicente Álvarez. Un abanico extremadamente reducido que limita las opciones del cuerpo técnico encabezado por Víctor Rivero y explica, en parte, la nula utilización de juveniles en este arranque.
A diferencia de otros equipos que reparten minutos entre varios nombres o incluso construyen estructuras en torno a sus canteranos, Limache parece haber apostado por una base corta y de mayor experiencia. Una decisión que le ha dado resultados inmediatos en la tabla, pero que lo deja peligrosamente expuesto frente a la exigencia reglamentaria.
El contraste es evidente. Mientras clubes como Huachipato (335 minutos), La Serena (328) y O’Higgins (300) avanzan con holgura en el cumplimiento de la norma, Limache ni siquiera ha comenzado el recorrido. Incluso Cobresal, otro equipo con dificultades en este ítem, ya suma 40 minutos.
El riesgo es conocido en el fútbol chileno: postergar el uso de juveniles suele terminar en decisiones desesperadas en la recta final. Minutos acumulados a la fuerza, alineaciones condicionadas y pérdida de competitividad en el momento más importante del torneo. Hoy, Limache lidera el campeonato. Pero su realidad Sub 21 es otra historia: sin recambio, sin variantes y prácticamente sin margen. Una deuda que, tarde o temprano, tendrá que pagar.