La determinación de Francisco Meneghini de marginar a Leandro Fernández no se explica por un quiebre puntual, sino por una evaluación fría del ciclo 2025. Y es ahí donde los números, más que las conclusiones, ayudan a dimensionar el escenario.
Fernández cerró la temporada con 40 partidos, 2.237 minutos, 10 goles y 7 asistencias, participando directamente en 17 goles de Universidad de Chile. En Liga de Primera sumó 7 goles y 4 asistencias en 23 encuentros, mientras que en Copa Chile aportó 3 goles y 3 asistencias en apenas seis partidos. Producción real, comprobable, sin maquillaje.
El matiz aparece cuando se desmenuza el año completo. Fernández no tuvo un 2025 brillante ni lineal: acumuló 13 partidos sin goles ni asistencias, alternando rachas productivas con largos pasajes de bajo impacto ofensivo. En el plano internacional, su incidencia fue menor: sin goles ni asistencias en Sudamericana y Libertadores, y con minutos limitados en ambos torneos.
Ese dato es el que pesa en la balanza del cuerpo técnico. No se trata de un mal año, pero sí de uno irregular, especialmente considerando que el argentino ocupa cupo de extranjero. En un plantel con restricciones y necesidad de flexibilidad, Meneghini optó por liberar esa plaza para otros perfiles.
La comparación con los refuerzos —confirmados o en carpeta— es inevitable. Eduardo Vargas, ya oficializado, viene de un 2025 repartido entre Audax Italiano y Nacional, con 7 goles y 2 asistencias en 31 partidos. Menor volumen que Fernández, pero sin ocupar cupo extranjero y con un rol distinto en la estructura ofensiva.
Entre las alternativas aparece Juan Martín Lucero, con 11 goles en 50 partidos en Fortaleza, y Octavio Rivero, que firmó 14 goles en 37 encuentros con Barcelona SC. Uno aporta desgaste y presión; el otro, eficacia de área. Ninguno, hasta ahora, garantiza un impacto claramente superior en el balance global.
Ahí está el punto central del debate. Fernández no fue dominante todo el año, pero dejó un piso concreto: 10 goles, 7 asistencias y presencia constante en el marcador. Sacarlo implica apostar a que los refuerzos —por perfil, edad o condición contractual— igualen o superen ese rendimiento. Los números ya están sobre la mesa. La decisión está tomada. La respuesta, como casi siempre en el fútbol, no la dará el discurso, sino el 2026.