Colo Colo avanza a paso firme en una negociación que, al interior de Macul, se considera prioritaria: cerrar a Maximiliano Romero como su nuevo centrodelantero para la temporada 2026. Las conversaciones están encaminadas y el acuerdo podría quedar sellado en la próxima reunión de directorio de Blanco y Negro, con la fórmula que más acomoda a las partes: préstamo desde Argentinos Juniors con opción de compra.
La urgencia se explica por el contexto. Tras la salida de Salomón Rodríguez, el club necesita un “9” que llegue listo para competir, sin largos periodos de adaptación, y Romero cumple ese requisito por su reciente paso por O’Higgins. En Rancagua dejó señales claras de recuperación futbolística: marcó 7 goles en 16 partidos durante el segundo semestre de 2025, transformándose en el eje ofensivo del equipo y recuperando la confianza que había perdido en ciclos anteriores. Todo eso con Paqui Meneghini como su entrenador, el mismo que quiso llevarlo a Universidad de Chile.
Sin embargo, su nombre no solo viene acompañado de goles. También arrastra una mochila pesada: la de las lesiones. El historial médico del delantero argentino muestra una tendencia que genera inquietud en cualquier gerencia deportiva. La más grave fue la operación de rodilla que lo mantuvo 358 días fuera de las canchas, con 57 partidos perdidos. A eso se suma otra lesión de rodilla que lo marginó 46 días y lo dejó fuera de 6 encuentros oficiales.
El problema no termina ahí. Romero también sufrió una lesión del aductor que lo tuvo 218 días inactivo, perdiéndose 20 partidos, además de una lesión de origen no especificado que significó 51 días fuera y 12 compromisos ausentes. En el plano muscular, registra dos desgarros miofasciales consecutivos: uno de 37 días y otro de 36, junto con reiteradas molestias en gemelos. En total, su historial acumula más de 900 días de baja médica a lo largo de su carrera profesional.
Incluso en su reciente etapa en Chile, donde parecía haber encontrado estabilidad, las alarmas volvieron a encenderse: en octubre de 2025 sufrió un desgarro de cuádriceps, que obligó a un nuevo proceso de rehabilitación. Un dato que refuerza la idea de que, más allá de su talento, su físico sigue siendo una variable crítica.
La paradoja de Romero es que su cuerpo empezó a fallarle justo cuando su carrera despegaba. Formado en Vélez Sarsfield, fue considerado uno de los grandes proyectos ofensivos del fútbol argentino a mediados de la década pasada. Debutó profesionalmente con apenas 17 años y rápidamente se ganó un lugar en el primer equipo, marcando goles en Primera y mostrando una madurez poco habitual para su edad.
En 2017, con 18 años recién cumplidos, fue transferido al PSV Eindhoven por una cifra cercana a los 10 millones de euros, una de las ventas más altas en la historia del club de Liniers para un futbolista de su generación. En ese momento, Romero era visto como un “diamante en bruto”: potente, técnico, con lectura de área y margen de crecimiento europeo. Sin embargo, ese salto precoz al Viejo Continente coincidió con el inicio de un calvario físico que terminaría condicionando su desarrollo y obligándolo, años más tarde, a reinventarse.
Para Colo Colo, el análisis es tan futbolístico como clínico. Romero ofrece un perfil escaso en el mercado local: delantero con técnica, movilidad, capacidad de asociación y gol. Pero su fichaje también implicaría un desafío estructural para el cuerpo médico y el staff físico, que deberán diseñar un plan específico de cargas, prevención y rotación para evitar recaídas.
Tras el fracaso del Centenario el Monumental no admite apuestas incompletas. Si el acuerdo se concreta, Romero no solo llegará a Macul para marcar goles: llegará para demostrar que puede convivir con su historial y sostener continuidad en un club que exige rendimiento inmediato. Porque en Colo Colo, más que promesas, se necesitan certezas. Y en el caso de Romero, la gran pregunta no es si sabe hacer goles, sino si su cuerpo le permitirá hacerlo durante toda la temporada.