El Estadio Olímpico de Montjuïc fue escenario del regreso de la 10, el jugador vital en el esquema de Flick. Días después de recibir el Trofeo Kopa, en la gala del Balón de Oro, y de dejar atrás una lesión en la ingle, Lamine Yamal volvió a vestir la camiseta del Barcelona. Y regresó marcando diferencias.
La noche no empezó sencilla. La Real Sociedad se adelantó 0-1 y obligó a los culés a remar desde atrás. El empate llegó antes del descanso, dejando todo abierto para el segundo tiempo.
En el minuto 58’, Flick movió la banca: salió R. Bardghji y entró Yamal. Su impacto fue inmediato. Con frescura, velocidad y la confianza de quien se sabe distinto, el astro de Rocafonda agitó el ataque y puso patas arriba el partido.
La jugada decisiva nació de una de sus escapadas. Levantó la cabeza y colocó un centro medido que Robert Lewandowski transformó en gol con un cabezazo implacable. El 2-1 definitivo coronó la remontada y devolvió al Barça a lo más alto de la Liga, superando al Real Madrid.
Más allá de la asistencia, Yamal fue protagonista en cada avance. Se ofreció, encaró y devolvió a Montjuïc la sensación de que algo grande podía pasar cada vez que la pelota pasó por sus pies.
El triunfo, trabajado y celebrado, refuerza el proyecto de Flick y confirma lo evidente: Lamine Yamal no solo es el futuro del Barcelona, también es parte esencial de su presente.