Si bien a priori se trató de un acto protocolar deportivo -un agasajo al campeón Inter Miami-, la presencia de Lionel Messi junto a Donald Trump tuvo elementos que le dieron un inevitable cariz político, como su aparición caminando a la par del mandatario antes de unirse a sus compañeros, y, sobre todo, el contexto mundial de la guerra en Medio Oriente, que sigue nutriendo las repercusiones este viernes.
El encuentro fue en el East Room, un lujoso salón con capacidad para 200 personas, pisos de roble, en la casa de gobierno estadounidense. Estuvo repleto de funcionarios, familiares y obviamente se hizo presente el propietario del Inter Miami, el cubano Jorge Más Santos, ferviente anticastrista, referencia opositora al gobierno de la isla y del exilio cubano en Miami.
Trump tomó la palabra con Messi y Más muy cerca. Como era evidente que iba a suceder, teniendo en cuenta al personaje, el mandatario no se privó de un discurso elogioso con el desempeño bélico de Estados Unidos en la guerra contra Irán y felicitó a sus militares. También habló sobre Cuba. “Es cuestión de tiempo, nos estamos ocupando”, dijo, haciendo “votos” (o un poco más) por una caída del gobierno.
Al astro argentino por momentos se lo vio incómodo, sin entender bien lo que Trump decía, aunque por algunos segundos, de acuerdo a sus gestos, parecía “enganchar”. Aunque no fue de forma fervorosa, aplaudió cuando Trump se jactó por la escalada belicista y le ofrendó algunas sonrisas al mandatario durante el discurso, en el que también lo comparó con Pelé y habló de Cristiano Ronaldo, entre otras referencias.
En Argentina la presencia de Messi generó polémica, debido que en 2022, cuando ganaron la Copa del Mundo, los jugadores no quisieron sacarse fotos con Alberto Fernández el presidente entonces. Muchos dijeron que Diego Maradona jamás hubiera aceptado un manoseo como el de Trump.