El seleccionador noruego Stale Solbakken dio dos semanas de vacaciones a sus futbolistas antes de concentrarlos en Oslo para preparar el Mundial. Andreas Schjelderup y su compañero Antonio Nusa decidieron ir a Marbella, pero no a las playas ni los bares.
La elección de la ciudad andaluza tenía poco que ver con el plan que pueden tener dos jóvenes de 21 años antes de una concentración de trabajo tan larga. Sabían por Haaland que en el Marbella Football Center, un club especializado en pretemporadas de fútbol, realizaban preparaciones individualizadas con una metodología muy avanzada. Entrenadores personales, en gimnasio y con balón, recuperación muscular, prevención de lesiones adaptados a cada musculatura, fisioterapia, alimentación y descanso. Todo lo que necesitaban para llegar al Mundial en el mejor estado de forma posible. Pero es que además lo harían con las altas temperaturas de la costa marbellí, ideal para ir preparando al cuerpo para un Mundial donde la humedad y el calor iban a ser factores decisivos.
Fueron quince días de trabajo intenso y de muchas charlas en la habitación. Sabían que en la selección les podría tocar competir por un puesto, contra Brasil Schjelderup entró por Nusa, que no estaba teniendo su mejor partido y revolucionó el encuentro con dos asistencias a Haaland milimétricas.
A este nivel de exigencia los detalles te ganan o pierden un Mundial. Dos jóvenes noruegos han dado una lección de profesionalismo. Luego nos acordamos de unos cuantos pichones de cracks que por estos lados dejan botada la selección o sus equipos por irse de fiesta, vacaciones o incluso jugar pichangas con los amigotes.