Francia llegó a la semifinal con una de las delanteras más temidas del Mundial, pero jugó como un equipo preocupado de no equivocarse antes que de hacer daño. Didier Deschamps apostó por esperar a España y salir de contragolpe, una estrategia que solo funcionaba si sus figuras respondían. No ocurrió. España monopolizó la pelota desde el inicio y encontró espacios ante un rival que nunca supo si presionar o replegarse, mientras Rodri, Fabián Ruiz y Dani Olmo manejaban el ritmo con absoluta tranquilidad.
El partido comenzó a romperse por un error imperdonable. A los 20 minutos, Lucas Digne derribó innecesariamente a Lamine Yamal dentro del área cuando el delantero español apenas llegaba a un centro sin mayor peligro. Fue un penal tan evitable como torpe, un regalo que Mikel Oyarzabal transformó en el 1-0 y que terminó condicionando por completo a una Francia que jamás encontró una respuesta futbolística ni anímica.
La decepción francesa tuvo nombres propios. Michael Olise estuvo muy lejos del nivel que había mostrado durante el torneo, perdió peso con el balón y nunca logró asociarse con Mbappé. Ousmane Dembélé, en tanto, pasó completamente desapercibido, sin desborde ni capacidad para romper el uno contra uno. Bradley Barcola tampoco encontró espacios y el mediocampo formado por Tchouaméni y Rabiot fue ampliamente superado por el control español, dejando al ataque completamente aislado.
España aprovechó esa fragilidad sin necesidad de acelerar demasiado. Con paciencia movió la pelota de un lado a otro hasta encontrar el segundo gol mediante una gran combinación entre Dani Olmo y Pedro Porro, que apareció libre dentro del área para definir el 2-0. La jugada reflejó todo lo que ocurrió durante la noche: una selección española con confianza e ideas frente a una Francia lenta, desordenada y siempre un paso por detrás.
El único que intentó cambiar la historia fue Kylian Mbappé. El capitán francés encaró, buscó el remate y trató de cargar con el peso ofensivo del equipo, pero nunca encontró un socio. Mientras España funcionó como un bloque, Francia dependió exclusivamente de la inspiración de su estrella. Fue demasiado poco para una semifinal del Mundial. La Furia Española encontró delante a un rival paralizado por el temor y lo castigó sin contemplaciones.