La FIFA ha decidido introducir un cambio sin precedentes en la historia de los Mundiales: por primera vez, una fan zone oficial tendrá costo de entrada. El anuncio afecta al FIFA Fan Festival que se instalará en Nueva Jersey durante la Copa del Mundo de 2026, torneo que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá. La medida marca un quiebre con una de las tradiciones más valoradas por los aficionados, que encontraban en estos espacios un punto de encuentro abierto y gratuito para vivir el Mundial sin necesidad de tener entradas para los estadios.
Hasta ahora, las fan zones habían sido concebidas como áreas públicas con pantallas gigantes, actividades culturales, música y ambientes festivos, pensadas para acercar el torneo a la mayor cantidad de hinchas posible. La decisión de cobrar por el acceso transforma ese concepto y lo acerca a un evento privatizado, alineado con la lógica de monetización que ha ido ganando terreno en los grandes eventos deportivos internacionales.
La medida se produce en un contexto ya marcado por el malestar de los seguidores debido a los elevados costos asociados con el Mundial 2026. Desde el lanzamiento de las entradas para los partidos, aficionados de distintas partes del mundo han manifestado su frustración por los precios, que en muchos casos suben hasta niveles récord para una Copa del Mundo. Este descontento se ha extendido a los costos de hospedaje, transporte y consumos durante el torneo, lo que ha generado un debate sobre la accesibilidad del evento para la afición tradicional.
El anuncio de una fan zone de pago ha intensificado las críticas. Para muchos seguidores, pagar por un espacio que históricamente fue gratuito agrava aún más la sensación de que la experiencia del Mundial se está volviendo inaccesible para el común de los hinchas. Organizaciones de aficionados han calificado la decisión como excluyente y contraria al espíritu popular del torneo.
Por ahora, no está claro si esta política se replicará en otras sedes del Mundial 2026 o si se tratará de un caso puntual. Sin embargo, el precedente ya está instalado. Con esta decisión, la FIFA avanza un paso más en la comercialización total del evento, poniendo en discusión hasta dónde puede llegar el negocio sin afectar la relación histórica entre el Mundial y sus seguidores más apasionados.