Universidad de Chile no ha perdido capacidad para convertir goles en el último lustro, pero sí ha ido diluyendo la eficacia individual de su principal referente ofensivo. Desde 2021 en adelante, el equipo siempre contó con un goleador claro por temporada, aunque con rendimientos dispares. Sin embargo, al comparar la relación entre goles y partidos, el 2025 aparece como el punto más bajo del ciclo.
El estándar sigue siendo la campaña 2021 de Joaquín Larrivey, quien marcó 24 goles en 38 partidos y promedió 0,63 por encuentro. Ese registro instaló un piso alto de eficacia: no solo fue el máximo anotador del equipo, sino también un delantero capaz de resolver partidos con regularidad.
En 2022, Cristián Palacios asumió ese rol con 13 goles en 28 partidos, alcanzando un promedio de 0,46. Fue un rendimiento inferior al de Larrivey, pero consistente, suficiente para sostener la productividad ofensiva del equipo en una temporada de transición.
El 2023 volvió a mostrar goles repartidos más que definidos. Leandro Fernández y el propio Palacios terminaron como máximos artilleros con 10 tantos en 26 partidos cada uno, promediando 0,38 goles por encuentro. Aun así, incluso en ese escenario de irregularidad, la eficacia individual superó la que se observa en 2025.
La excepción positiva tras Larrivey fue 2024. Fernández y Palacios cerraron el año con 13 goles en 25 partidos, lo que elevó el promedio a 0,52 por partido, el segundo mejor registro del período. La U volvió a tener un “9” con impacto numérico real, aunque sin alcanzar el nivel del 2021.
En 2025, Lucas Di Yorio terminó como el máximo goleador del equipo con 14 tantos, pero necesitó 43 partidos para hacerlo. Su promedio de 0,33 goles por encuentro es el más bajo entre los goleadores anuales de Universidad de Chile desde 2021, y explica por qué, pese a una producción colectiva aceptable, el equipo no cuenta con un delantero que incline la balanza por sí solo.
El diagnóstico que dejan los datos es nítido: Universidad de Chile sigue llegando al gol, pero ya no lo encuentra en un atacante que marque diferencias sostenidas. Di Yorio lidera las cifras, aunque con una eficacia menor a la de todos sus antecesores recientes, confirmando que el gran desafío no es convertir más, sino volver a encontrar a ese “9” decisivo que eleve el rendimiento ofensivo individual.