Archivo:LaHoradeKingKong.cl
“Gonna take some time to do the things we never had” (Nos tomará algo de tiempo para hacer las cosas que nunca habíamos hecho) es una parte de la canción África de Toto. Y al menos en el Mundial fue así.
En Qatar 2022, la Confederación Africana tuvo cinco representantes en el torneo y ahora cuatro años después lo duplicó.
Llevó tiempo para que el continente africano marcara una diferencia sustantiva y relevante. Ya no participan y se van, ahora compiten, y lo hacen bien.
Marruecos consolida lo de hace cuatro años, pese a que no mostró un gran nivel, pero jugó con el peso y experiencia que ya trae encima. Senegal, Ghana y Egipto sacaron a relucir su juego colectivo y sus individualidades repartidas por Europa para tener esa consistencia que ya la conocíamos.
Costa de Marfil con esa escuela francesa y jugadores dotados físicamente a veces con esa irregularidad y displicencia defensiva, pero que al final termina de imponerse por juego, al igual que Argelia, lo sabe Chile que lo sufrió hace 44 años en España, cuando era el rival a vencer. Sólo la irregularidad y malas decisiones de Túnez, con un inesperado cambio de entrenador en el inicio del Mundial, no lo hicieron ser partícipe de esta celebración continental.
Pero a falta de los del norte, esta vez dos invitados y aparentes comparsas hicieron sonar los tambores en todo el contorno del continente. Cabo Verde, ese minúsculo enclave insular y Sudáfrica que hace 16 años era un anfitrión sin grandes proyecciones, esta vez de manera sorpresiva y hasta impensada para muchos, lo hizo.
Se podrán discutir los méritos o formas de la clasificación, pero lo que no está en discusión es que África hace rato dejó de ser un invitado más y seguirá pidiendo más espacio, porque tiene la materia prima (jugadores y biotipo) para hacerlo, de la mano de un continente europeo siempre dispuesto a llevarse sus “riquezas” deportivas y prepararlas para sus selecciones. Hoy en África…
I hear the drums echoing tonight (Escucho los tambores haciéndose eco esta noche)