La imagen más potente de la jornada no fue un gol ni una clasificación. Fue una tribuna vacía. Apenas 80 personas asistieron al duelo entre Cobresal y Deportes La Serena en El Salvador, una cifra que difícilmente encuentra comparación en el fútbol profesional chileno y que se convirtió en el mejor reflejo del escaso interés que hoy despierta la Copa Chile.
Pero el problema está lejos de limitarse al norte del país. La crisis de asistencia se ha transformado en una constante durante las últimas semanas y golpea incluso a los clubes con mayor convocatoria. Este miércoles, Universidad de Chile apenas reunió 7.114 espectadores en el Estadio Nacional para enfrentar a Unión La Calera, el registro más bajo del cuadro azul desde su regreso a Ñuñoa. Un escenario impensado hace apenas un año para uno de los equipos que suele liderar el ranking de público en Chile.
La tendencia también alcanza a Universidad Católica. En el estreno oficial del Claro Arena, el compromiso frente a Everton apenas superó los 9.000 asistentes, una cifra muy distante de la expectativa que genera un estadio nuevo y un recinto que debía transformarse en un atractivo para el hincha cruzado. Tampoco Colo Colo, tradicionalmente el club con mayor arrastre del país, ha conseguido llenar el Estadio Monumental en sus últimos compromisos.
El fenómeno invita a mirar más allá de los resultados deportivos. La Copa Chile se disputa mientras el foco de los aficionados está puesto en el Mundial 2026, que concentra la atención del planeta fútbol y monopoliza la conversación durante todo el día. En ese escenario, el torneo nacional pierde visibilidad, interés y termina compitiendo por un espacio que simplemente no tiene.
La decisión de la ANFP de mantener la programación en pleno desarrollo de la Copa del Mundo aparece como un factor que explica parte del fenómeno. Mientras millones de personas siguen los partidos del Mundial, los encuentros del torneo local pasan prácticamente inadvertidos, con horarios poco atractivos y una cobertura inevitablemente eclipsada por la principal cita del fútbol.
Las postales tampoco ayudan. En varios recintos las tribunas vacías dominan la escena y, en algunos casos, la propia transmisión televisiva muestra estadios con iluminación reducida, como ocurrió en el Estadio Nacional durante el duelo entre Universidad de Chile y Unión La Calera. La sensación es la de un torneo disputado en segundo plano, sin ambiente y con escasa capacidad para movilizar al público.
Los 80 espectadores de El Salvador no son el problema de un solo partido. Son el síntoma más evidente de una competencia que hoy parece haber perdido su espacio en el calendario y, sobre todo, el interés de los hinchas. Mientras el Mundial acapara la atención y las tribunas locales continúan vaciándose, la Copa Chile atraviesa una de las crisis de convocatoria más profundas de los últimos años.