Durante años bastaron tres palabras. “Here We Go”. Si Fabrizio Romano las escribía, el fichaje podía darse prácticamente por cerrado. El italiano revolucionó la manera de informar sobre el mercado y construyó una audiencia de millones de personas que esperaba su confirmación antes que la de clubes y medios tradicionales.
Pero el personaje terminó creciendo tanto que comenzó a comerse al periodista. Romano ya no es solamente una firma especializada en transferencias. Es una marca, una plataforma publicitaria, un creador de contenido y un empresario con una capacidad de amplificación que incluso supera a muchos de los medios para los que alguna vez trabajó.
Ahí aparece la principal grieta de su imperio. Clubes, representantes y futbolistas entendieron rápidamente el poder de su plataforma. Una información publicada por Romano puede instalar el interés por un jugador, presionar una negociación, aumentar la exposición de un futbolista o comunicar al planeta cuánto pretende recibir un club.
La relación funciona para todos. Romano necesita fuentes para alimentar una maquinaria que nunca se detiene y los protagonistas del mercado necesitan un altavoz con millones de seguidores. El problema aparece cuando resulta cada vez más difícil distinguir dónde termina el periodista que cubre el negocio y dónde comienza el personaje que forma parte de él.
También existe una creciente crítica a su modelo de producción. Una transferencia puede generar publicaciones sobre el interés, los contactos, la oferta, la contraoferta, el acuerdo verbal, los documentos, el viaje, los exámenes médicos y finalmente el “Here We Go”. Muchas veces con diferencias mínimas entre una actualización y otra.
El desgaste quedó expuesto cuando r/soccer, una de las comunidades futboleras más grandes de Reddit, decidió restringir sus publicaciones. El cuestionamiento no apuntaba necesariamente a su confiabilidad, sino al enorme volumen de contenido y a la dificultad para determinar cuánto de aquello constituía realmente una novedad.
A eso se sumaron las críticas de periodistas europeos que lo acusan de apropiarse de exclusivas previamente publicadas por reporteros locales. En un mercado donde ser primero puede significar millones de interacciones, cinco minutos son suficientes para transformar al autor de una información en alguien que parece estar simplemente siguiendo a Romano.
Su poder terminó siendo paradójico. El hombre que democratizó la información de fichajes construyó una marca tan gigantesca que terminó concentrándola. Los hinchas esperan su confirmación, los medios lo citan, los agentes conocen su alcance y los clubes saben perfectamente lo que significa aparecer en sus redes.
Romano dejó de observar el mercado desde afuera. Se convirtió en uno de sus actores. Eso no significa que sus informaciones sean falsas ni que cada publicación responda a intereses comerciales, pero sí abre una pregunta inevitable sobre la frontera entre periodismo, entretenimiento, publicidad y operación comunicacional.
Por eso su decisión de enfocarse en su empresa de marketing resulta tan simbólica. El “Here We Go” convirtió al periodista en una estrella, después a la estrella en una marca y finalmente a la marca en una pieza del negocio que alguna vez se dedicó simplemente a contar.
Quizás esa sea la verdadera caída de Fabrizio Romano. No dejar de acertar fichajes ni perder sus fuentes, sino terminar convertido en un funcionario informal de una industria que descubrió que tenerlo cerca podía ser mucho más útil que tenerlo simplemente informando.