Minuto 71 en el Estadio Nacional. Universidad de Chile enfrentaba a Deportes Limache cuando, otra vez, los fuegos artificiales comenzaron a aparecer desde la galería norte. Esta vez apuntando al nueva versión del superclásico del próximo fin de semana. No era una situación nueva, por eso la sanción que pesa sobre la tribuna sur luego del escandaloso debut ante Audax Italiano hacía suponer un control mayor.Nada de eso ocurrió.
Las bengalas y fuegos de artificio volvieron a instalarse en el desarrollo del partido, con una reacción dividida en las tribunas: mientras una parte importante del público desaprobaba, otro grupo —numeroso— vitoreaba una práctica que está lejos de ser inofensiva. El punto crítico llegó cuando el lanzamiento se descontroló.
Las bengalas dejaron de ser proyectadas hacia el aire y comenzaron a salir en trayectoria horizontal. Sin dirección clara y a alta velocidad. En ese contexto, una de ellas cruzó desde la galería norte y rozó la parte superior de la tribuna Andes, pasando a centímetros de los espectadores. Quienes nos encontrábamos en ese sector pudimos dimensionar en tiempo real lo que estaba ocurriendo: no se trataba de un efecto visual, sino de un objeto capaz de generar un daño irreversible.
El episodio remite inevitablemente a uno de los antecedentes más trágicos del fútbol sudamericano. El 3 de agosto de 1983, en La Bombonera, una bengala náutica lanzada desde la tribuna de Boca Juniors impactó en el cuello de Roberto Basile, hincha de Racing de 25 años, provocándole la muerte tras perforar su arteria carótida.
Más de cuatro décadas después, el riesgo sigue siendo el mismo. Lo ocurrido en el Nacional no terminó en tragedia por cuestión de centímetros. Sin embargo, vuelve a dejar en evidencia la fragilidad de los controles, la reiteración de conductas de alto riesgo y la falta de medidas efectivas para erradicar este tipo de situaciones.
Como periodista e hincha hace más de 20 años asistiendo al estadio es imposible que este tipo de acitudes no dilapiden las ganas de asistir a un partido de fútbol, algo que increíblemente no le importa en lo más mínimo a los organizadores del evento. Ayer, y por primera vez en mi vida, cuestioné si era buena la idea de ir a la cancha a exponerse a esto. Me imagino que a muchos les pasa lo mismo.
Segundo partido de local para Universidad de Chile en la temporada. Segundo incidente de gravedad. Y una advertencia que, hasta ahora, nadie parece dispuesto a tomar con la seriedad que corresponde.