El 2025 volvió a sacudir las bancas del fútbol chileno, y el último golpe lo dio Audax Italiano, que este viernes decidió despedir a Juan José Ribera tras semanas de tensión interna y resultados que no lograron sostener un proyecto que prometía más. Su salida abrió nuevamente la discusión sobre la inestabilidad que ha caracterizado la temporada: los ciclos se quiebran antes de madurar, los procesos se interrumpen sin completar una rueda y los clubes viven con el nervio a flor de piel.
El caso de Ribera no es aislado. La renuncia de Miguel Ramírez en Unión Española, consumada tras la derrota ante Colo Colo y con el equipo atrapado en la zona baja fue otro de los movimientos llamativos. El técnico decidió adelantar el final de un proceso marcado por la irregularidad, asumiendo que no logró enderezar el rumbo en un año donde cada punto vale doble.
La lista continúa con la salida de Mauricio Larriera de Everton de Viña del Mar, un proyecto que nunca terminó de despegar. El uruguayo presentó su renuncia luego de una cadena de malos resultados que empujó a los ruleteros hacia un escenario incómodo, con el descenso rondando y la presión externa al límite.
Ellos son solo los nombres más recientes de una seguidilla que ya supera la decena de entrenadores despedidos o renunciados en esta Primera División 2025. A lo largo del campeonato se acumularon quiebres tempranos, ciclos inconclusos, apuestas que no funcionaron y decisiones apresuradas que reflejan un rasgo profundo del fútbol chileno: la continuidad fue un privilegio reservado para muy pocos.
La crisis técnica no se explica solo por casos aislados, sino por una lista que habla por sí sola. Durante esta temporada fueron cesados Francisco Arrué (Ñublense), Gustavo Leal (Everton), Erwin Durán (La Serena), Tiago Nunes (Universidad Católica) , José Luis Sierra (Unión) , Jorge Almirón (Colo Colo), Walter Lemma (La Calera), además de los mencionados anteriormente. Una enumeración que grafica la magnitud de un torneo que no dio margen a la paciencia ni al trabajo a largo plazo. Cada salida respondió a contextos distintos, pero todas comparten el denominador común de un campeonato extremadamente volátil.
Solo un puñado de clubes resistió la tentación del cambio. Universidad de Chile, Cobresal, O’Higgins, Coquimbo Unido y otros pocos elencos lograron sostener a sus entrenadores desde la primera fecha, desafiando la vorágine de un torneo que combinó urgencias deportivas, presiones económicas y un calendario que no dio respiro.
El 2025, ya en su recta final, quedará marcado como uno de los años más inestables de la década. Un torneo donde los banquillos temblaron más que nunca, donde la paciencia se agotó rápido y donde la obsesión por resultados inmediatos terminó definiendo el ritmo de un campeonato que no dio segundas oportunidades. Una temporada que deja preguntas abiertas sobre la planificación a largo plazo y la dirección que quiere tomar el fútbol chileno en los próximos años.