Cuando Humberto Suazo llegó a Colo Colo a comienzos de 2006, pocos se imaginaban que ese delantero de perfil bajo, proveniente de Audax Italiano, marcaría una era en el fútbol chileno. Su arribo se dio en medio de un club que salía de la quiebra y buscaba reconstruir su identidad bajo la dirección técnica de Claudio Borghi. En ese escenario, el “Chupete” pasó en cuestión de meses de ser un nombre discreto a convertirse en el rostro de una generación dorada.
Desde sus primeros partidos mostró una conexión especial con el gol. En el Torneo de Apertura 2006 marcó 19 goles, fue el máximo artillero del campeonato y levantó su primer título con Colo Colo tras vencer en la final a Universidad de Chile. La imagen de Suazo llorando en la cancha, abrazado a sus compañeros, lo presentó como un jugador distinto: un hincha hecho campeón.
En el Clausura repitió el protagonismo, anotando 15 tantos y consiguiendo el bicampeonato. Su entendimiento con Matías Fernández, Arturo Vidal y un joven Alexis Sánchez dio forma a un equipo que dominó el fútbol chileno y se proyectó al continente. Suazo era el referente ofensivo de un Colo Colo que jugaba bien y ganaba todo.
El 2006 también lo consagró internacionalmente. Fue el máximo goleador de la Copa Sudamericana, con 10 goles, y pieza clave en la histórica campaña que llevó a los albos hasta la final ante Pachuca. Ese desempeño le valió un reconocimiento sin precedentes: la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) lo nombró Mejor Goleador Mundial del Año, con 51 goles entre Colo Colo y la selección chilena.
En 2007, antes de partir al Monterrey de México en una transferencia cercana a los 5 millones de dólares, Suazo sumó un nuevo título, el tricampeonato nacional, y cerró su ciclo en el Cacique con más de 70 goles en 75 partidos oficiales, todo eso en apenas un año y medio.
De un delantero casi desconocido a ídolo absoluto, de promesa local a goleador mundial, Humberto Suazo encarnó como pocos el ascenso meteórico del fútbol chileno en la década de los 2000. Hoy, a los 44 años y tras anunciar su retiro, su legado sigue intacto: el de un jugador que hizo de la pasión, la humildad y el gol su sello inconfundible.