El Estadio Santa Laura tenía un clima enrarecido en la previa del Universidad de Chile versus Coquimbo Unido. Claro, la situación judicial de Michael Clark, sumada a a la insólita conferencia de prensa de Gustavo Álvarez de 24 horas antes, hicieron que lo de fuera de la cancha sea lo más importante de la jornada. Una estrategia finamente calculada por el estratega que, a sabiendas del poco cariño que existe hacia los dirigientes, volcó a la parcialidad azul aún más en su contra culpándolos de su inminente salida del club.
Álvarez obró como un viejo zorro, en gran parte para dejar la institución sin pagar la cláusula millonaria de cerca de 1.2 millones de euros que estipula su contrato. Su vínculo con el club finaliza en diciembre de 2026, pero está claro que deté no quiere seguir y buscará su destino en el fútbol peruano. Pero lo más impactante es el amor de la fanaticada azul por el estratega, ese que hizo que se partieran las manos aplaudiendo cuando pisó el césped de la catedral y que no lo dejó abandonar el recinto sin antes lanzarle una frase repetida: No se vaya, Profe!
Es cierto que con el actual entrenador de la Universidad de Chile el club volvió a ser competitivo, y las comparativas con los procesos 2021, 2022 y 2023, frescos aún en la memoria, lo elevan muy por sobre de ese rendimiento. Su casi 64% de efectividad lo coloca dentro de los más exitosos en la historia de la U, a lo que se suma el título de Copa Chile 2024, SuperCopa 2025 (a Colo Colo) y las semifinales de la Copa Sudamericana también este año. Muchos suman a este curriculum su triunfo en el Monumental que sirvió para cortar una racha negativa de 23 años en ese recinto.
Datos importantes y diametralmente opuestos a los períodos anteriores. Pero, también tiene varias de las otras: no pudo cerrar el campeonato 2024 pese a tener una ventaja significativa con su archirrival, de seis puntos, a lo que se le sumó la incapacidad de ganarle a Everton en la última fecha con un Nacional repleto. Hipotecó gran parte del torneo 2025 con maniobras extrañas, como poner suplentes ante Limache en la primera rueda y la inexplicable decisión de jugar con un equipo alternativo frente a Deportes La Serena. Sus refuerzos no funcionaron y, pese a que tenía una plantilla más competitiva que varios en el país, hoy está a 20 puntos de Coquimbo Unido en la tabla. Demás está decir que está prácticamente confirmado que no jugará Copa Libertadores 2026, otro fracaso de su gestión.
Pero el cariño de los azules ahí está, en gran parte porque varios son hinchas de Tik Tok. Esto no se dice como algo despectivo, sino por un fenómeno social presente en las redes sociales. La devoción de los hinchas de la U por Gustavo Álvarez se explica por una mezcla de mera exposición, vacío emocional y relato de salvación. En medio de años de inestabilidad, escándalos dirigenciales y proyectos fugaces, Álvarez apareció cada semana como una figura constante, emotiva y coherente, generando familiaridad y confianza más allá de los resultados.
Su discurso épico, su cercanía con el plantel y su contraste con la confusión institucional lo transformaron en un símbolo de orden y esperanza, permitiendo que la hinchada construyera alrededor de él la figura del “salvador”, incluso sin títulos de liga nacional que lo respaldaran.
Lo anterior es parte de la sociedad actual, que consume lo inmediato para ponerlo rápidamente en un lugar de ídolo o histórico. Ayer quedó claramente demostrado con otro hecho de la causa: Matías Rodríguez, defensa más goleador del club y campeón de Copa Sudamericana, fue menos aplaudido que el entrenador que buscar forzar su salida del club sin pagar la claúsula. Síntomas de que hoy por hoy es más importante la narrativa que la realidad.