Durante años, Gianni Infantino entendió que el éxito comercial y político del Mundial 2026 pasaba por Estados Unidos. Lo que pocos imaginaron fue hasta dónde estaba dispuesto a llegar el presidente de FIFA para cultivar una relación privilegiada con Donald Trump. La investigación publicada por The New York Times reconstruye una serie de episodios que muestran a un dirigente cada vez más alineado con el mandatario estadounidense.
El acercamiento comenzó mucho antes de que el Mundial estuviera a la vuelta de la esquina. Infantino convirtió a Trump en un aliado estratégico y aprovechó cada instancia pública para destacar su liderazgo. En una de sus intervenciones más comentadas llegó a afirmar que "Estados Unidos ama el fútbol y el fútbol ama a Estados Unidos", una frase que fue interpretada como otro guiño hacia la administración norteamericana.
Con el paso del tiempo los gestos fueron aumentando. FIFA trasladó buena parte de su estructura operativa a Estados Unidos, abrió oficinas permanentes en Miami y profundizó una relación institucional que para muchos observadores terminó confundiendo los límites entre deporte y política. Lo que inicialmente parecía una alianza de conveniencia comenzó a ser percibido como una dependencia cada vez más evidente.
La situación alcanzó tal nivel que incluso históricos dirigentes del fútbol mundial comenzaron a expresar su incomodidad. El ex presidente de FIFA, Jossep Blatter, criticó abiertamente el vínculo y advirtió que "nunca antes la FIFA había estado tan ligada a un líder político como ahora". Sus palabras reflejan una preocupación que se extiende mucho más allá de las disputas personales dentro del organismo.
La cercanía también quedó expuesta en la creación de un grupo de trabajo especial impulsado por la Casa Blanca para coordinar el Mundial junto a FIFA. Mientras otras sedes mundialistas intentaron mantener cierta distancia institucional respecto de sus gobiernos, en Estados Unidos la organización del torneo aparece cada vez más vinculada a la figura de Trump y a sus intereses políticos.
Las críticas se han intensificado en los últimos meses debido a los problemas migratorios que han afectado a aficionados, periodistas, dirigentes e incluso oficiales relacionados con el torneo. En ese contexto, muchos esperaban una postura más firme de FIFA. Sin embargo, la organización ha evitado confrontar públicamente a la administración estadounidense, alimentando la sensación de que Infantino prefiere preservar su relación con Trump antes que defender principios que históricamente formaron parte del discurso oficial del organismo.
La percepción de que FIFA ha cedido demasiado terreno quedó reflejada en las palabras del ex delantero inglés Ian Wright, quien describió la situación como un verdadero "Mundial del caos". El histórico atacante cuestionó que "cada pocas horas aparece una nueva historia sobre aficionados rechazados, jugadores rechazados, oficiales rechazados o periodistas rechazados", una realidad que contrasta con la imagen de apertura que intenta proyectar el torneo.
A un día de la Copa del Mundo, el debate ya no gira únicamente en torno a estadios, selecciones o infraestructura. También apunta al papel que ha desempeñado Gianni Infantino durante todo este proceso. Porque más que una relación institucional entre FIFA y el país anfitrión, la investigación retrata el largo camino de un dirigente que parece haber hecho todo lo posible para ganarse a Donald Trump.