En la mitología griega, Ícaro era el hijo de Dédalo, un brillante inventor que construyó unas alas de plumas unidas con cera para escapar de la isla de Creta. Antes de emprender el vuelo, su padre le advirtió que no se acercara demasiado al mar, porque la humedad haría pesadas las alas, ni tampoco al sol, porque el calor derretiría la cera. Fascinado por la sensación de volar, Ícaro ignoró la advertencia, ascendió cada vez más alto y terminó cayendo al vacío cuando sus alas se deshicieron. Y esa imagen es la que mejor parece describir el momento que atraviesa Gianni Infantino.
Después de una década al frente de la FIFA, el dirigente suizo construyó una posición de poder pocas veces vista en el fútbol mundial. Reformó competiciones, expandió el Mundial a 48 selecciones, incrementó los ingresos del organismo y consolidó un liderazgo prácticamente incuestionable. Sin embargo, su intento de crear FIFA Forward Enterprises (FFE), una sociedad destinada a gestionar y comercializar los derechos del Mundial abriendo la puerta a la venta de participaciones del torneo, terminó provocando la mayor rebelión política de su gestión.
Lo que inicialmente fue presentado como un mecanismo para generar nuevos recursos y repartir mayores ingresos entre las federaciones terminó siendo interpretado por buena parte del fútbol mundial como un intento de privatizar el principal patrimonio de la FIFA. La reacción fue inmediata. La UEFA amenazó con boicotear las competiciones organizadas por el organismo si el proyecto seguía adelante, mientras que la Concacaf y la Confederación Asiática también rechazaron públicamente la iniciativa. Incluso uno de los asesores más cercanos de Infantino renunció en medio de la controversia.
Pero el conflicto fue mucho más profundo que el contenido del proyecto. Varios miembros del Consejo de la FIFA reconocieron que se enteraron de la iniciativa por la prensa y no mediante los canales internos del organismo, generando fuertes cuestionamientos sobre la forma en que el presidente estaba ejerciendo el poder. Para numerosos dirigentes, el problema dejó de ser únicamente FFE y pasó a convertirse en una discusión sobre la gobernanza de la FIFA.
Por primera vez desde que llegó a la presidencia en 2016, Infantino enfrenta una oposición coordinada de las principales confederaciones del planeta. La tensión amenaza con dividir profundamente al fútbol mundial, al punto de que ya se habla de una verdadera "guerra civil" institucional entre la FIFA y parte de sus asociaciones miembro. En distintos sectores del fútbol internacional incluso comienza a instalarse una pregunta que hasta hace pocos días parecía impensada: si el dirigente suizo aún cuenta con la legitimidad política suficiente para continuar liderando el organismo.
La destitución del presidente de la FIFA se decide en el Congreso del organismo, donde cada una de las 211 asociaciones nacionales afiliadas tiene derecho a un voto individual y presencial, estando estrictamente prohibido el voto por delegación. Para revocar el mandato del dirigente, se requiere una mayoría simple (más del 50%) de los votos válidos emitidos por los delegados presentes, lo que significa que en una sesión con asistencia completa se necesitan exactamente 106 votos para forzar su salida. Este proceso solo puede ejecutarse si el Consejo de la FIFA incluye formalmente la moción en el orden del día o si un grupo de federaciones lo solicita formalmente por escrito dentro de los plazos reglamentarios.
Como ocurrió con Ícaro, el problema no fue haber llegado muy alto, sino creer que podía seguir ascendiendo sin consecuencias. Durante años, Gianni Infantino empujó los límites de su autoridad y acumuló un poder que parecía inagotable. Sin embargo, el intento de avanzar sobre el activo más valioso del fútbol mundial terminó uniendo a dirigentes que históricamente habían aceptado o tolerado sus decisiones. El proyecto fue retirado antes de ser votado, pero el daño político ya estaba hecho. El hombre que parecía intocable hoy enfrenta la mayor crisis de su mandato y un escenario que podría redefinir el equilibrio de poder dentro de la FIFA.