Fernando Gago vuelve a escena como uno de los principales candidatos para asumir en Universidad de Chile. Sin embargo, su última experiencia como entrenador, al mando de Necaxa, deja más dudas que certezas. En México, el ex volante argentino firmó un paso breve, irregular y marcado por la pérdida total de respaldo, tanto deportivo como externo.
Los números son el primer golpe. Gago dirigió 20 partidos, con apenas 5 triunfos, 5 empates y 10 derrotas, alcanzando un 33,3% de rendimiento. Un registro propio de equipos que pelean en la parte baja, muy lejos de cualquier aspiración competitiva. Su equipo, además, terminó con diferencia de gol negativa (34 a favor, 45 en contra), evidenciando problemas estructurales tanto en defensa como en generación.
Pero el problema no fue solo estadístico. El ciclo entró rápidamente en una espiral negativa, con rachas de derrotas consecutivas, falta de gol y un funcionamiento que nunca logró consolidarse. La situación explotó definitivamente tras una goleada sufrida ante Tijuana, donde Gago fue insultado por los hinchas e incluso recibió el lanzamiento de un objeto desde la tribuna, debiendo abandonar el campo bajo resguardo. La ruptura con el entorno ya era total.
El desenlace era inevitable. El 26 de noviembre de 2025, Necaxa oficializó su salida tras un torneo en el que el equipo finalizó fuera de la zona de clasificación, sin capacidad de reacción y sin sostén dirigencial. Un proceso que no alcanzó ni siquiera a consolidarse y que terminó abruptamente en menos de seis meses.
El contraste con su discurso previo es evidente. Meses antes, Gago defendía su etapa en Boca Juniors argumentando haber alcanzado un 70% de rendimiento. Sin embargo, su paso por Necaxa expone una caída significativa en resultados y, sobre todo, en control de proyecto.
Hoy, con su nombre instalado en la órbita de Universidad de Chile, su experiencia más reciente se transforma en un antecedente imposible de ignorar: un ciclo corto, inestable y que terminó en crisis total.