Francia comenzó su camino en el Mundial 2026 con una victoria por 3-1 sobre Senegal, aunque el resultado final esconde una historia mucho más compleja de lo que reflejan los números. Durante buena parte del compromiso, los africanos fueron capaces de competir de igual a igual ante uno de los principales favoritos al título, incomodando a los dirigidos por Didier Deschamps con intensidad, velocidad y una propuesta que por momentos hizo tambalear a los europeos.
El primer tiempo dejó mejores sensaciones para Senegal que para Francia. Los galos monopolizaron la posesión, pero fueron incapaces de encontrar espacios ante un rival disciplinado y agresivo en cada disputa. Los africanos, en cambio, aprovecharon cada recuperación para lanzar transiciones rápidas que encontraron mal parada a la defensa francesa. Nicolas Jackson estuvo muy cerca de abrir la cuenta con un remate que se estrelló en el poste y, sobre el cierre de la etapa inicial, Ismaila Sarr desperdició una ocasión clarísima que pudo cambiar completamente el desarrollo del encuentro.
Francia se fue al descanso dejando más dudas que certezas. Mbappé aparecía desconectado, Dembélé no lograba desequilibrar y la circulación del balón era demasiado lenta para romper el orden defensivo de Senegal. Sin embargo, los grandes equipos suelen encontrar soluciones incluso cuando no juegan bien y eso fue precisamente lo que ocurrió tras el descanso.
Didier Deschamps no modificó de inmediato las piezas, pero sí encontró una variante táctica que transformó el partido. Michael Olise comenzó a retrasar su posición para involucrarse mucho más en la elaboración y asumir el papel de conductor que el equipo necesitaba. El jugador del Bayern empezó a recibir con mayor libertad, aceleró la circulación y conectó con frecuencia a los hombres más adelantados. A partir de ahí, Francia comenzó a encontrar los espacios que le habían sido negados durante toda la primera mitad.
El crecimiento de Olise también impulsó a Mbappé. El capitán francés mostró una versión completamente distinta en el complemento, participando más, atacando mejor los espacios y convirtiéndose en una amenaza constante para la defensa senegalesa. La apertura de la cuenta llegó a los 66 minutos y resumió perfectamente el cambio de escenario: Olise filtró un pase preciso y Mbappé definió con categoría para romper la resistencia africana.
El gol obligó a Senegal a asumir más riesgos y eso terminó favoreciendo a Francia. Los espacios comenzaron a multiplicarse y los europeos encontraron el contexto ideal para explotar toda la calidad de sus atacantes. A ello se sumó otra de las grandes fortalezas del conjunto galo: la profundidad de su plantel. Bradley Barcola ingresó desde el banco y apenas dos minutos después amplió la ventaja con una definición que parecía sentenciar definitivamente la historia.
Con el 2-0 y el reloj acercándose al final, todo parecía resuelto. Francia controlaba el juego y Senegal comenzaba a sentir el desgaste físico de una noche muy exigente. Sin embargo, los africanos volvieron a demostrar carácter y se negaron a bajar los brazos. Ya en el quinto minuto de descuento, Ibrahim Mbaye aprovechó una desconcentración defensiva para marcar el descuento y devolverle algo de incertidumbre a un partido que parecía completamente cerrado.
Por algunos instantes, Francia sintió la presión. El recuerdo de una victoria cómoda comenzaba a transformarse en un cierre incómodo. Pero los equipos con aspiraciones reales suelen tener futbolistas capaces de resolver incluso esos momentos. Apenas un minuto después del descuento senegalés, apareció nuevamente Mbappé. El delantero francés sacó un potente remate desde fuera del área que encontró una floja respuesta de Edouard Mendy. El arquero africano reaccionó tarde y terminó colaborando involuntariamente con el gol que decretó el definitivo 3-1.
Más allá del resultado, Francia dejó una conclusión evidente en su estreno mundialista. Cuando el partido exigió soluciones tácticas apareció Olise para tomar el control del juego. Cuando fue necesario refrescar el ataque, Barcola respondió de inmediato desde el banco. Y cuando el encuentro amenazó con complicarse en los minutos finales, Mbappé asumió toda la responsabilidad para cerrar la historia. Distintas respuestas para distintos problemas. Una señal inequívoca de por qué Francia vuelve a instalarse entre los máximos candidatos a levantar la Copa del Mundo.