La transparencia de Jorge Fossati terminó chocando con el ambiente interno que rodea hoy a Universidad de Chile. Mientras la dirigencia azul intentaba manejar con total reserva la búsqueda de un nuevo entrenador tras la abrupta salida de Paqui Meneghini —quien apenas alcanzó a dirigir siete partidos— el experimentado técnico uruguayo optó por hablar sin rodeos.
Fossati reconoció públicamente que fue contactado desde el club y que sostuvo una conversación directa con el gerente deportivo Manuel Mayo para explorar la posibilidad de asumir la banca azul. En el mundo del fútbol, donde las negociaciones con entrenadores suelen ser parte natural del mercado, la declaración no tendría mayor polémica. Pero en la U generó incomodidad.
El motivo es simple: en el club buscaban mantener el proceso bajo estricta reserva. La confirmación pública del propio candidato expuso una negociación que la dirigencia pretendía llevar en silencio, en medio de un momento institucional complejo y con una presión deportiva creciente.
El episodio ocurre además en un contexto particularmente sensible para la administración de Azul Azul, la sociedad que controla a Universidad de Chile. En los últimos días volvió a instalarse el debate sobre quién ejerce realmente el control del club, luego de que el director de la concesionaria Aldo Marín saliera públicamente a negar que Victoriano Cerda tenga participación en la propiedad.
Marín fue enfático al abordar el tema. Según explicó, él mismo le preguntó directamente a Cerda si era dueño de la U. “Le he preguntado directamente si es el dueño y me ha dicho que no”, señaló el dirigente, intentando cerrar así las versiones que desde hace tiempo vinculan al ex controlador de Huachipato con la estructura accionaria de Azul Azul.
El propio Marín agregó otro elemento que retrata el clima interno. Recordó que cuando Michael Clark lo invitó a integrarse al directorio del club, Cerda le recomendó no aceptar porque —según sus palabras— “lo iba a pasar mal”. Una frase que refleja las tensiones históricas que rodean a la concesionaria y que alimenta las dudas sobre las verdaderas relaciones de poder detrás del club.
En ese escenario, la sinceridad de Fossati terminó desentonando. Mientras el técnico simplemente confirmó una conversación que efectivamente ocurrió, en la dirigencia azul el hecho de que se hiciera público generó incomodidad.
No es la primera vez que algo así ocurre en la U. Desde hace años el club vive en un ambiente donde las decisiones estratégicas —desde fichajes hasta cambios de entrenador— suelen moverse entre versiones cruzadas, filtraciones y silencios oficiales.
Por eso, más que la negociación con Fossati, lo que terminó quedando en evidencia fue la diferencia entre dos lógicas. La de un entrenador que habló con naturalidad sobre un contacto profesional, y la de un club que sigue operando bajo un manto de reserva permanente.
En Universidad de Chile, donde ni siquiera el debate sobre quién controla realmente la concesionaria logra cerrarse del todo, la honestidad del candidato terminó siendo demasiado.