Qatar encontró vida cuando ya parecía condenado. En una de las últimas acciones del partido, Boualem Khoukhi apareció en el área para marcar el 1-1 definitivo a los 90+5 y desatar la locura de los asiáticos en el Levi's Stadium de Santa Clara. El empate no solo le permitió sumar un punto valioso en su estreno mundialista, sino que además dejó a Suiza como protagonista de una de las primeras decepciones de la Copa del Mundo 2026.
El resultado es difícil de explicar mirando únicamente el desarrollo del encuentro. Durante gran parte de la noche, el partido fue un monólogo de los europeos. Suiza manejó la posesión, controló el ritmo, jugó prácticamente todo el tiempo en campo rival y generó ocasiones suficientes para resolver el compromiso con comodidad. Sin embargo, su alarmante falta de eficacia mantuvo con vida a un rival que parecía completamente superado.
La superioridad helvética se reflejó desde los primeros minutos. Dan Ndoye y Rubén Vargas comenzaron a generar peligro constantemente, mientras Mahmoud Abunada se transformaba en figura con varias intervenciones decisivas. El arquero qatarí sostuvo a su equipo hasta que, a los 17 minutos, un penal sobre Remo Freuler permitió que Breel Embolo abriera la cuenta con una ejecución impecable.
El gol parecía abrir definitivamente el camino para una victoria tranquila. Suiza siguió atacando y acumulando ocasiones. Ndoye tuvo varias oportunidades claras, Vargas desperdició otras tantas y Michel Aebischer estuvo muy cerca de ampliar la ventaja antes del descanso. Cada llegada transmitía la sensación de que el segundo tanto era cuestión de tiempo, pero ese golpe nunca llegó.
Con el correr de los minutos, Qatar comenzó a encontrar algo de aire. Sin renunciar a sus limitaciones, el equipo dirigido por Julen Lopetegui logró acercarse esporádicamente al arco defendido por Gregor Kobel. Edmilson Junior fue uno de los pocos capaces de generar peligro, mientras Akram Afif intentaba darle algo de claridad a las escasas posesiones ofensivas de los asiáticos.
La segunda mitad mantuvo el mismo guion. Suiza continuó siendo ampliamente superior, pero volvió a tropezar con su propia incapacidad para cerrar el partido. Los europeos finalizaron con 24 remates contra apenas cinco de Qatar y controlaron cerca del 70 por ciento de la posesión, cifras que reflejan una diferencia enorme entre ambos equipos. Sin embargo, el marcador seguía mostrando apenas un gol de distancia.
Esa fragilidad terminó pasando la cuenta. Cuando el encuentro parecía resuelto y los tres puntos viajaban rumbo a Suiza, Qatar encontró una última oportunidad. Un balón enviado al área encontró a Boualem Khoukhi, que apareció para conectar un centro con un cabezazo certero y enviar la pelota al fondo de la red. El gol provocó el estallido de los jugadores qataríes y dejó completamente congelados a los europeos, que veían escapar una victoria que habían tenido en sus manos durante más de setenta minutos.
El empate tiene sabor a triunfo para Qatar, que rescata un punto inesperado y mantiene intactas sus opciones de clasificación. Para Suiza, en cambio, la sensación es diametralmente opuesta. Dominó, generó, fue claramente superior, pero volvió a demostrar que la superioridad estadística no sirve de nada cuando no se traduce en goles.
En un Grupo B que había comenzado con el empate entre Canadá y Bosnia, el tanto de Khoukhi cambia completamente el panorama. Lo que parecía una jornada perfecta para los helvéticos terminó convertida en una noche amarga, mientras Qatar celebra una igualdad que puede transformarse en uno de los resultados más importantes de su historia mundialista.