El partido está confirmado, pero en Irlanda hace rato que dejó de ser simplemente un encuentro de fútbol. La selección irlandesa disputará su compromiso ante Israel por la Nations League pese a la creciente presión interna para que el equipo no se presente como señal de protesta por la guerra en Gaza.
La discusión tomó todavía más fuerza después de que más de 160 deportistas irlandeses, entre ellos olímpicos, exseleccionados de fútbol, figuras del rugby y boxeadores, firmaran una carta abierta solicitando directamente el boicot al encuentro programado para el próximo 27 de septiembre en Debrecen, Hungría.
Pese al escenario, el seleccionador Heimir Hallgrimsson confirmó que su equipo saltará a la cancha. El entrenador islandés reconoció que la situación genera incomodidad dentro del plantel, aunque aseguró que una vez tomada la decisión de disputar el compromiso, todos actuarán en la misma dirección.
“Ninguno de nosotros se siente cómodo jugando, pero una vez que hemos decidido jugarlo, nos mantenemos unidos y jugamos como uno solo”, señaló el entrenador.
Hallgrimsson, sin embargo, fue más allá y dejó una frase que inmediatamente elevó la tensión alrededor del encuentro. “No estamos jugando con un genocidio, estamos jugando contra un genocidio. Estamos jugando contra Israel, no estamos jugando con Israel”, afirmó.
Sus palabras provocaron una dura reacción de la Federación de Fútbol de Israel, que respondió públicamente al entrenador irlandés. “Hemos contribuido al mundo y a la humanidad en innumerables campos, ganando un impresionante número de Premios Nobel en el camino. Desafortunadamente, aún no hemos encontrado una cura para la estupidez, la ignorancia y la hipocresía exhibidas por el entrenador del equipo de Irlanda”, señaló la entidad.
La federación israelí incluso utilizó la misma fórmula empleada por Hallgrimsson para cerrar su respuesta: “No estamos jugando con la ignorancia, la hipocresía y la estupidez, estamos jugando contra el entrenador que las encarna”.
Mientras aumenta el cruce de declaraciones, dentro de Irlanda continúa la presión para que la selección cambie su decisión. Los más de 160 firmantes de la carta sostienen que todavía existe margen para no disputar el encuentro y convertir el eventual boicot en una señal política desde el deporte.
“No jugar este partido sería la cosa más deportiva que se podría hacer. Es un momento muy importante y es una oportunidad para hacer lo correcto”, plantea el documento, que también apela a las raíces anticolonialistas de Irlanda y a la histórica cercanía de parte de la sociedad irlandesa con la causa palestina.
La controversia tampoco es nueva para el deporte de ese país. En febrero de 2024, durante un encuentro de clasificación al Eurobasket femenino de 2025, las jugadoras irlandesas evitaron el tradicional saludo con sus rivales israelíes y escucharon el himno desde el sector del banco de suplentes en lugar de hacerlo frente al otro equipo.
Ahora el fútbol vuelve a quedar en medio de esa tensión. Irlanda jugará ante Israel, pero llegará a Debrecen con una discusión instalada mucho más allá de los puntos en disputa por la Nations League y con su propio entrenador convertido en uno de los protagonistas de la previa.