España está entre los cuatro mejores del mundo. Lo consiguió venciendo por 2-1 a Bélgica en Los Ángeles, en un partido que parecía tener controlado, que se le enredó durante casi una hora y que recién pudo resolver en el minuto 88 gracias a Mikel Merino. Clasificación en el bolsillo, sí. Pero también una pregunta inevitable: ¿con esto le alcanza para eliminar a Francia?
Porque España sufrió como nunca en este Mundial. El equipo de Luis de la Fuente había llegado a los cuartos de final sin recibir goles y con una sensación de enorme seguridad defensiva, pero Bélgica necesitó prácticamente una llegada para desnudarla. Kevin De Bruyne encontró a Castagne y Charles De Ketelaere se anticipó a Pau Cubarsí para marcar el 1-1 y terminar con los 650 minutos de imbatibilidad de Unai Simón en Copas del Mundo.
Hasta entonces, España había sido superior. Fabián Ruiz abrió la cuenta a los 30 minutos después de una buena acción colectiva que terminó con remate de Dani Olmo, respuesta de Thibaut Courtois y aparición del mediocampista para aprovechar el rebote. Lamine Yamal comenzaba a crecer, Bélgica apenas podía salir y el partido parecía caminar hacia otro triunfo controlado de los españoles.
Pero el empate cambió todo. España tuvo la pelota, movió de lado a lado y encerró durante largos pasajes a Bélgica, aunque volvió a aparecer un problema que puede ser fatal ante Francia: la falta de profundidad. Mucha posesión, mucha circulación y demasiadas jugadas sin terminar en remate. Cada pérdida, además, dejaba metros para las carreras de Jeremy Doku y obligaba a la defensa española a correr hacia su propio arco.
De la Fuente buscó respuestas en el banco. Pedri, Ferran Torres y Nico Williams entraron durante el segundo tiempo, pero España siguió chocando contra una Bélgica cada vez más cerrada. Incluso Rodri tuvo que aparecer cerca del minuto 84 para evitar una acción que podía terminar en el segundo gol belga. La Roja dominaba, pero el partido estaba peligrosamente abierto.
Hasta que apareció Mikel Merino. Ingresó en el minuto 86 y apenas dos minutos después cazó un rebote del joven Senne Lammens, reemplazante del lesionado Courtois, para marcar el 2-1. El mediocampista volvió a vestirse de héroe y alcanzó los 12 goles en 49 partidos con España. Un gol agónico para evitar la prórroga y mandar a la Roja directamente a semifinales.
España ganó. Eso es lo primero. Eliminó a una Bélgica que venía de golear 4-1 a Estados Unidos y volvió a demostrar que tiene recursos en el banco para resolver partidos cerrados. Pero por primera vez en este Mundial también mostró grietas: recibió un gol, sufrió con los espacios, le costó transformar su dominio en ocasiones claras y necesitó llegar hasta el minuto 88 para derribar a un rival que durante buena parte del encuentro apenas había amenazado.