El clásico entre Coquimbo Unido y Deportes La Serena terminó 1-1, pero el resultado pasó rápidamente a segundo plano. La jugada que permitió el agónico empate pirata volvió a exponer una de las principales debilidades del VAR en Chile: hay decisiones para las que simplemente no existe una herramienta tecnológica suficientemente precisa.
Todo ocurrió en el minuto 90+5. Cristian Zavala corrió para evitar que una pelota cruzara la línea de fondo y alcanzó a devolverla hacia el terreno. La acción continuó, llegó el centro de Salinas, José Tapia respondió con una buena atajada y Pablo Rodríguez capturó el rebote para convertir el empate.
El asistente levantó inmediatamente su bandera. Para él, la pelota había salido completamente del campo antes de que Zavala consiguiera rescatarla. Parecía que el clásico terminaba con triunfo de Deportes La Serena, pero apareció el VAR.
Diego Flores fue convocado para revisar personalmente la acción. El problema es que las repeticiones televisivas disponibles no entregaban una toma categórica para determinar si la totalidad del balón había traspasado la línea. Después de una extensa revisión, el árbitro decidió validar el gol y Coquimbo celebró el 1-1.
¿Acertó Flores? ¿Se equivocó? Ese es precisamente el problema. Con las imágenes disponibles resulta muy difícil entregar una respuesta indiscutible. Y una tecnología creada para terminar con determinadas dudas terminó produciendo una discusión todavía mayor.
Porque aquí el cuestionamiento va más allá del árbitro. El clásico regional dejó en evidencia la necesidad de incorporar herramientas capaces de determinar con precisión la posición del balón respecto de las líneas del terreno de juego. Sistemas de cámaras específicas, sensores o tecnologías automatizadas pueden entregar una información que una repetición televisiva, por más veces que se observe, simplemente no siempre puede ofrecer.
El fútbol internacional ha avanzado precisamente en esa dirección. La tecnología de línea de gol permite establecer automáticamente si un balón ingresó completamente al arco, mientras otros desarrollos tecnológicos han aumentado la precisión del seguimiento de la pelota. Chile, en cambio, sigue dependiendo en situaciones como la del Sánchez Rumoroso del ángulo que casualmente pueda entregar una cámara.
Y ahí aparece la gran contradicción. Se implementó el VAR para reducir los errores evidentes, pero si el sistema no cuenta con imágenes concluyentes, el árbitro termina enfrentándose a una decisión extremadamente fina mirando una pantalla. No es necesariamente un problema de interpretación: es un problema de información.
La jugada del clásico fue milimétrica. Tanto, que incluso después de múltiples repeticiones continúa siendo difícil asegurar si Zavala alcanzó a mantener el balón sobre la línea o si este salió completamente. Justamente para acciones así debería estar la tecnología.
Diego Flores decidió que la pelota seguía en juego y convalidó el empate de Pablo Rodríguez. Su decisión quedará para el debate. Lo que no debería quedar para discusión es la necesidad de modernizar las herramientas disponibles para los árbitros chilenos.
Porque un clásico no puede depender del píxel, del ángulo de una cámara o de una repetición que nunca termina de aclarar qué ocurrió. El VAR llegó para entregar certezas. En Coquimbo, otra vez, dejó solamente dudas.