Se buscan responsables de un capítulo más del alicaído fútbol chileno. Hoy los facotres son muchos, aunque la falta de ritmo y competenica de los últimos años, aparece como un culpable silencioso. A diferencia de las generaciones anteriores, el camino de estos jóvenes estuvo marcado por una inactividad sin precedentes, un bache de casi dos años en sus carreras que podría tener consecuencias para el futuro del fútbol nacional. El estallido social de 2019 y la posterior pandemia de COVID-19 no solo paralizaron el país, sino que también detuvieron la maquinaria de formación de talentos.
Entre 2019 y 2021, los campeonatos del fútbol joven chileno vivieron un colapso. Los torneos Sub 15, Sub 16, Sub 17 y Sub 19 se detuvieron abruptamente en noviembre de 2019 debido a la inestabilidad social, dejando a miles de jugadores sin competencia. Apenas se vislumbraba un posible retorno en febrero de 2020, cuando llegó la pandemia, sellando la paralización definitiva de las competencias por más de un año. Solo se alcanzaron a jugar un par de fechas del torneo de Apertura 2020 antes de la suspensión total.
Este lapso de inactividad, que se extendió hasta bien entrado el segundo semestre de 2021, significó una catástrofe para el desarrollo futbolístico. Mientras sus pares en Sudamérica y Europa encontraban la forma de retomar las actividades, los cadetes chilenos se vieron forzados a entrenar de forma remota, perdiendo la esencia de lo que significa ser un futbolista en formación: la competencia, la presión del partido, el roce físico y el crecimiento táctico que solo se adquiere en la cancha.
Expertos y entrenadores de la época calificaron esta situación como una "generación perdida". "Perdimos estado físico y aeróbico. Estábamos acostumbrados a trabajar con los compañeros al lado, y ahora debemos hacerlo en un espacio más reducido y frente a un computador", declaró en su momento Benjamín Troncoso, capitán de la juvenil de Universidad de Chile, reflejando el diagnóstico compartido por otros técnicos y directivos.
La falta de partidos oficiales no solo afectó a la parte deportiva. La incertidumbre también tuvo un fuerte impacto en la salud mental de los jóvenes, que vieron sus sueños de convertirse en futbolistas profesionales en pausa. Varios talentos se quedaron en el camino, sin la posibilidad de mostrar sus capacidades y de ser seguidos por los scouts. .
La situación de la generación Sub 20 de Chile es el reflejo de esta problemática. Es una selección que llega al Mundial con menos rodaje y experiencia en torneos competitivos que sus antecesoras. La falta de partidos de alta exigencia a nivel de cadetes podría notarse en la cancha, especialmente al enfrentar a equipos que mantuvieron sus procesos de formación ininterrumpidos.