La crisis institucional que atraviesa el tenis chileno alcanzó su punto más crítico. La Comisión de Elecciones de la Federación de Tenis de Chile resolvió anular la elección que había proclamado a Milovan Kegevic como presidente y a Valentina Marín como secretaria general, luego de concluir que ambos no cumplían con los requisitos legales para integrar el directorio y que sus expedientes de postulación estaban viciados por antecedentes que fueron desmentidos por organismos oficiales.
La resolución es especialmente dura. El organismo electoral sostuvo que la inhabilitación se fundamenta en un oficio emitido por la Secretaría General de la Universidad Bolivariana, el cual certificó que Milovan Kegevic y Valentina Marín no figuran en los registros académicos e históricos de esa casa de estudios y que ninguno ostenta la calidad de titulado o graduado, contradiciendo la documentación presentada durante el proceso electoral. A ello se sumó un pronunciamiento de la Subsecretaría de Educación Superior que recordó que solo las instituciones de educación superior están facultadas para certificar oficialmente títulos y grados académicos.
Para la Comisión de Elecciones, esos antecedentes destruyeron la presunción de elegibilidad de ambos candidatos. Incluso fue más allá al señalar que la incorporación deliberada de un antecedente falso "vicia de nulidad el expediente de postulación en su integridad", razón por la cual decidió suspender de inmediato los efectos de la proclamación e inhabilitarlos definitivamente para ejercer los cargos de presidente y secretaria general.
Pero el problema no termina ahí. La resolución también revela que cuatro integrantes del directorio electo ya habían presentado su renuncia y que otra directora fue inhabilitada por una condena judicial previa. Como consecuencia, la Federación quedó con apenas dos directores hábiles, muy por debajo del quórum mínimo de cinco integrantes exigido por sus propios estatutos para sesionar y adoptar acuerdos válidos. En la práctica, la institución quedó paralizada y obligada a iniciar un nuevo proceso para reconstruir su gobierno corporativo.
Lo más llamativo es que todo esto ocurrió después de que Kegevic ya hubiera comenzado a ejercer como presidente. Durante ese período se produjeron movimientos que marcaron un cambio de rumbo dentro de la Federación. Uno de los primeros fue la salida de Guillermo Gómez como Head Coach Nacional, poniendo fin a casi dos años de trabajo al frente del área técnica. La propia Federación informó oficialmente que el entrenador había puesto su cargo a disposición, agradeciendo su aporte al desarrollo del alto rendimiento.
Pocos días después, el directorio encabezado por Kegevic anunció el inicio de una auditoría externa integral para revisar la administración anterior, argumentando la existencia de presuntas inconstitucionalidades y hallazgos contables que debían ser investigados. El mensaje buscaba instalar una nueva etapa en la conducción del tenis chileno basada, según el propio comunicado, en la transparencia y la probidad.
Hoy, sin embargo, todas esas determinaciones quedan inevitablemente bajo cuestionamiento. Si la elección fue declarada inválida y la proclamación quedó sin efecto, se abre un debate respecto de la validez de las decisiones adoptadas por una directiva cuya legitimidad fue posteriormente anulada. Desde la salida del Head Coach hasta la auditoría anunciada, todas las actuaciones realizadas durante ese período ingresan a una compleja zona gris institucional.
La propia Comisión de Elecciones reconoció la gravedad del escenario y dejó abierta la posibilidad de que las asociaciones afiliadas recurran a los mecanismos de autoconvocatoria previstos en los estatutos para normalizar la gobernanza de la Federación mediante un nuevo proceso electoral. Paralelamente, el Instituto Nacional del Deporte deberá analizar los pasos a seguir frente a una de las mayores crisis dirigenciales que ha enfrentado el tenis chileno en los últimos años.
Mientras tanto, los principales perjudicados siguen siendo los deportistas, entrenadores y programas de desarrollo. Porque el terremoto político tendrá su repercusión en un par de años más, cuando esta exitosa generación de Jarry, Garin y Tabilo de un paso al costado y nos demos cuenta que la tan difícil renovación no aparece por ningún lado. Por ahora el tenis chileno se cae a pedazos.