El debut de Estados Unidos en su Copa del Mundo estuvo a la altura de las expectativas. Con un estadio repleto en Los Ángeles y toda la presión que implica jugar un Mundial en casa, el equipo de Mauricio Pochettino respondió con personalidad, intensidad y una actuación que por largos pasajes rozó la excelencia. El 4-1 final sobre Paraguay refleja una superioridad clara, aunque incluso puede parecer corto para lo que ocurrió sobre el terreno de juego.
Los primeros minutos ofrecieron un escenario distinto al que terminó dominando el resto de la noche. Paraguay salió decidido a competir, presionó alto y logró acercarse al arco estadounidense con algunas acciones directas que parecían incomodar a los anfitriones. Sin embargo, aquella propuesta duró poco. A los siete minutos llegó la jugada que cambió completamente el partido. Christian Pulisic aceleró por la banda izquierda, McKennie se sumó al ataque y el intento de despeje de Damián Bobadilla acabó dentro de su propia portería. El autogol golpeó a los guaraníes y liberó por completo a Estados Unidos.
A partir de ese momento comenzó un monólogo. Pulisic se convirtió en el dueño del encuentro y mostró por qué sigue siendo el futbolista más determinante de esta generación estadounidense. El extremo del Milan fue desequilibrante, agresivo y prácticamente imparable cada vez que encaró por la izquierda. A su alrededor aparecieron también dos socios de enorme nivel. Antonee Robinson, una de las grandes figuras del Fulham en la Premier League, dominó toda la banda izquierda con una mezcla de potencia física y precisión técnica, mientras que Sergiño Dest aportó profundidad permanente por el sector derecho, obligando a Paraguay a defender cada vez más cerca de su propia área.
La selección de Gustavo Alfaro nunca encontró respuestas. Cada recuperación terminaba en una nueva pérdida y cada intento de adelantar líneas dejaba espacios que los norteamericanos explotaban con facilidad. El segundo gol llegó de manera natural. Pulisic volvió a desequilibrar y encontró a Folarin Balogun dentro del área para que el delantero definiera con tranquilidad y ampliara la ventaja. Estados Unidos jugaba con confianza, velocidad y una convicción que contrastaba con las dudas de un rival que parecía completamente desbordado por el contexto.
La superioridad local se hizo todavía más evidente antes del descanso. Cuando Paraguay intentaba llegar al entretiempo con vida, una nueva desatención defensiva dejó a Balogun mano a mano. El atacante no desaprovechó el regalo, recortó con calidad y sacó un remate extraordinario al ángulo para firmar el primer doblete del Mundial 2026. El 3-0 al descanso era la fotografía perfecta de una primera mitad donde la diferencia entre ambos equipos fue enorme. Estados Unidos dominó la posesión, el ritmo y las ocasiones, mientras Paraguay ofreció una versión desconocida, especialmente por la fragilidad defensiva y los errores de concentración, aspectos que rara vez caracterizan a los equipos dirigidos por Alfaro.
El segundo tiempo comenzó con una decisión llamativa de Mauricio Pochettino, que retiró a Pulisic pese a haber sido la gran figura de la cancha. Lejos de resentirse, Estados Unidos mantuvo el control del partido. Los anfitriones siguieron administrando la posesión, movieron el balón con paciencia y continuaron generando oportunidades para ampliar una diferencia que parecía insuficiente para lo que se veía en el césped. Paraguay mejoró levemente con el paso de los minutos, más por orgullo que por funcionamiento, pero seguía dando la sensación de estar lejos del nivel competitivo que exige una Copa del Mundo.
A los 73 minutos llegó el descuento paraguayo. Un balón largo encontró mal posicionada a la defensa estadounidense, Julio Enciso aprovechó el espacio y asistió a Mauricio, que definió con precisión para poner el 3-1. Por un instante pareció que el partido podía adquirir algo de incertidumbre. Sin embargo, fue apenas una ilusión. Estados Unidos recuperó rápidamente el control, volvió a instalarse en campo rival y siguió llegando con peligro ante una defensa que continuó sufriendo hasta el pitazo final. La guinda de la torta fue un tres dedos hermoso de Giovanni Reyna para sentenciar una presentación mágica.
La sensación que dejó el encuentro es muy positiva para los anfitriones. Estados Unidos sumó tres puntos, terminó con una diferencia de goles favorable y, sobre todo, mostró argumentos futbolísticos que permiten ilusionarse. El equipo de Pochettino fue dinámico, intenso y ofensivo, con individualidades capaces de marcar diferencias y una estructura colectiva que funcionó durante gran parte de la noche. En un grupo que comparte con Turquía y Australia, este triunfo puede representar mucho más que un buen comienzo. Puede ser el primer paso hacia una clasificación que, después de lo visto en Los Ángeles, parece un objetivo perfectamente alcanzable.