Después de 19 años de inactividad, la Corporación de Fútbol Profesional de la Universidad de Chile (Corfuch) volvió a la vida. El sábado recién pasado, la histórica entidad —fundada en 1934 y que administró al club durante gran parte de su existencia— realizó una asamblea extraordinaria que marcó un punto de inflexión: los socios recuperaron oficialmente sus derechos y atribuciones, se habilitó el ingreso de nuevos miembros y se inició el camino hacia la elección de una nueva directiva a mediados de este año. “El hito del sábado es fundamental porque pone a los socios, tras 19 años de congelamiento, como socios activos. Es decir, los socios vuelven a recuperar sus derechos y atribuciones dentro de la corporación”, explicó a La Hora de King Kong Jorge Tapia, vocero de la organización.
El proceso de reactivación no fue inmediato ni simple. La Corfuch fue declarada en quiebra en 2006, en medio del colapso financiero que terminó con la concesión del club a Azul Azul S.A. Desde entonces, distintos grupos de hinchas comenzaron a trabajar para revertir ese escenario. En 2019 se logró el alzamiento definitivo de la quiebra, primer paso para su reconstrucción institucional. “Que levantaran la quiebra no implicaba que la corporación estuviera activa. Había todo un tema con el padrón de socios, con quiénes eran los dirigentes, con cómo empezaba a operar en este nuevo formato”, detalló Tapia.
Hoy, ese proceso ya muestra cifras concretas. La Corfuch cuenta con dos padrones históricos validados por el Ministerio de Justicia, correspondientes a las elecciones de 1998 y 2005, que suman más de 8.500 socios con respaldo legal. A eso se suma una base social estimada en más de 40 mil exsocios, que ahora buscan ser reincorporados. Pero el dato más llamativo llegó tras la asamblea: en solo horas, más de 5.000 personas ingresaron sus datos para iniciar el proceso de afiliación. “Sin que todavía hayamos hecho una campaña grande de difusión, ya tenemos miles de solicitudes. Creemos que esto puede ser muchísimo más”, señaló el vocero.
La reactivación de la Corfuch ocurre en un momento particularmente delicado para Universidad de Chile. La concesionaria Azul Azul enfrenta cuestionamientos públicos, sanciones y un creciente manto de opacidad respecto de su estructura de propiedad y toma de decisiones. Para Tapia, este renacer no es casual. “El renacer de la Corfuch también tiene que ver con una respuesta a la forma de administración de Azul Azul. Hoy es peor de lo que nos hubiésemos podido imaginar. Lo vemos con mucha preocupación y estamos muy atentos a que la justicia haga lo que tenga que hacer”, afirmó.
Sin embargo, desde la corporación subrayan que no buscan crear falsas expectativas. Existe un contrato de concesión vigente y un marco legal que limita las acciones inmediatas. Aun así, Tapia insiste en que el objetivo es dotar a los hinchas de una herramienta real de organización. “Queremos que el hincha deje de ser pasivo frente al devenir del club. El desafío es construir un proyecto de futuro dentro de las normas del juego, con incidencia real en las decisiones”, explicó. Y añadió: “El sueño grande es que la U vuelva a sus hinchas. Hoy sabemos que entre los dueños hay personas que no son hinchas y creemos que es relevante recuperar ese espacio”.
En ese horizonte aparecen varias vías: incidencia política para reformar la ley de sociedades anónimas deportivas, la eventual compra de participación accionaria y, sobre todo, el valor estratégico de los derechos federativos, que siguen siendo propiedad de la Corfuch. “Azul Azul no podría competir si no tuviera esos derechos. Hoy están concesionados, hay un contrato, pero creemos que los contratos están para revisarlos. Ahora, ya activados, vamos a tener mayores atribuciones para sentarnos a conversar”, sostuvo Tapia.
Otro de los temas que atraviesa el debate es el rol de la barra y los episodios de violencia. Desde la Corfuch fijan una postura clara: condena tajante a cualquier acto violento, pero con un enfoque distinto al del simple aislamiento. “La barra es enorme, son miles de personas. Hay grupos más violentos que otros, eso es innegable. Pero creemos que no se puede invisibilizar el fenómeno. Hay que hacerse cargo, entenderlo y trabajarlo. Condenamos la violencia de manera tajante, pero creemos que hay otras formas de enfrentar el problema”, explicó el vocero.

En los próximos meses, el foco estará puesto en la elección de una nueva directiva, un proceso que se realizará bajo el principio que la corporación quiere reinstalar como eje: la democracia interna. “Ese plan no lo podemos definir nosotros. Lo va a definir la asamblea de socios. Habrá listas, ideas distintas, diversidad. Eso es lo que queremos poner en valor”, recalcó Tapia.
A casi dos décadas de haber sido marginados del control de su propio club, los socios vuelven a organizarse. No prometen soluciones mágicas ni atajos, pero sí algo que había desaparecido del mapa azul: una estructura social con capacidad de presión, memoria histórica y proyecto político-deportivo. “Queremos construir juntos un proyecto que permita devolverle la U a sus hinchas”, resume Tapia. Y esta vez, no parece solo una consigna.