El nombre de Jorge Fistonic vuelve a instalarse en el fútbol chileno a partir de un contexto muy específico: el reordenamiento político que se está dando en el Consejo de Presidentes y el rol cada vez más influyente que ha asumido Juan Tagle, con golpe de estado fallido incluido. No es un regreso aislado ni antojadizo. Es la consecuencia directa de una estructura que comienza a rearticularse y que inevitablemente conecta con los nombres que sostuvieron el poder durante la era de Sergio Jadue.
En ese esquema, Fistonic no fue un actor secundario. Entre 2013 y 2015 ejerció como tesorero de la ANFP y formó parte del círculo de máxima confianza del expresidente, integrando el grupo de directores que concentraba las decisiones más relevantes. Su rol no solo implicaba llevar las cuentas: era quien validaba financieramente contratos, visaba egresos y tenía conocimiento directo de los movimientos de dinero en una administración que, con el tiempo, quedó marcada por la falta de controles y la opacidad en la toma de decisiones.
Uno de los hitos más relevantes de ese periodo fue la firma del contrato con Nike en 2015, un acuerdo por 56 millones de dólares que fue aprobado de manera unánime por el directorio. Fistonic, en su calidad de tesorero, tuvo un rol clave en la validación de las condiciones económicas del contrato, lo que lo sitúa directamente en el corazón de una de las negociaciones más importantes de la ANFP en la última década. Años más tarde, cuando comenzaron a conocerse los detalles del funcionamiento interno de la administración Jadue, varios dirigentes intentaron instalar la idea de desconocimiento, pero las actas dejaron en evidencia que las decisiones fueron adoptadas con pleno conocimiento del directorio.
Otro episodio que refleja con claridad su nivel de participación es el caso de las aplicaciones móviles desarrolladas para la ANFP en el contexto del Mundial de Brasil 2014. En marzo de ese año, el directorio aprobó —con la firma de Fistonic— delegar la evaluación y contratación de estos proyectos sin un proceso de licitación formal. El resultado fue un gasto cercano a los 280 millones de pesos en desarrollos que no generaron retorno alguno para la institución, según estableció posteriormente la auditoría forense. Este caso se transformó en uno de los ejemplos más concretos de cómo se tomaban decisiones económicas sin mecanismos de control efectivos.
El punto más crítico de su gestión, sin embargo, se produjo en 2015, cuando el Ministerio de Justicia intervino tras detectar que el directorio de la ANFP estaba recibiendo pagos en una entidad que, por su naturaleza jurídica, no permite la distribución de beneficios entre sus miembros. Los montos eran canalizados a través de asesorías y participaciones en comisiones, pero en la práctica constituían remuneraciones encubiertas. Fistonic fue uno de los nombres involucrados en este esquema, que fue calificado como irregular y que obligó a frenar los pagos en medio del colapso institucional que terminó con la salida de Jadue del país.
A estos episodios se suma el manejo de los recursos vinculados a la Copa América 2015, donde la ANFP operó mediante estructuras paralelas como el Comité Organizador Local, permitiendo que importantes flujos de dinero circularan sin una trazabilidad clara. En ese contexto, el rol del directorio —y particularmente del área financiera— era clave para establecer controles que, en la práctica, nunca se consolidaron. Fistonic, como tesorero, tenía visibilidad directa sobre estos movimientos, lo que refuerza su posición dentro de un sistema que funcionó con altos niveles de discrecionalidad.
Por eso su nombre vuelve a generar ruido en el presente. Porque no se trata solo de un ex dirigente, sino de un actor que tuvo participación directa en decisiones que hoy forman parte de los capítulos más cuestionados en la historia reciente del fútbol chileno. Y porque su reaparición coincide con un momento en que el poder vuelve a concentrarse, esta vez bajo nuevas caras, pero con lógicas que no resultan del todo ajenas.
El vínculo con el escenario actual no es menor. La influencia de Juan Tagle ha crecido de manera sostenida, posicionándolo como uno de los articuladores clave dentro del sistema. En ese proceso, la apertura de espacios para figuras que operaron durante el jaduismo vuelve a instalar una pregunta incómoda: cuánto de ese pasado sigue vigente en la estructura actual del fútbol chileno.
Porque más allá de los nombres, lo que está en juego es la persistencia de una forma de operar que nunca terminó de desaparecer. Y en ese mapa, Jorge Fistonic vuelve a estar presente.