La Universidad de Chile protagonizó un nuevo enredo administrativo que terminó por desatar un verdadero papelón en la recta final del torneo. El duelo ante Coquimbo Unido estaba originalmente fijado para el lunes 1 de diciembre, a las 20:00 horas, pero el club azul solicitó reprogramarlo para el martes 2, buscando asegurar el uso del Estadio Nacional. La petición fue aprobada sin mayor resistencia por la ANFP, que ajustó la programación confiando en que el recinto estaría disponible.
Sin embargo, la solicitud omitió un detalle clave: el principal coliseo deportivo del país sería utilizado días antes para la Teletón, un evento de gran magnitud cuya escenografía, estructuras y equipamiento requieren un desmontaje complejo y de plazos variables. En medio de ese escenario, el IND informó que no podía garantizar que el Nacional estuviera operativo para el día solicitado, descartando su disponibilidad a pocas horas de la reprogramación oficial.
Con el cambio ya autorizado por la ANFP y sin recinto, la U quedó en una posición incómoda que reflejó falta de previsión y escasa coordinación entre todas las partes involucradas. La única salida viable fue trasladar el partido al Estadio Santa Laura, recinto alternativo pero con condiciones más restrictivas. El encuentro debió adelantarse de las 20:00 a las 18:00 horas, fijarse un aforo total de 18 mil espectadores y disputarse sin público visitante, considerando la infraestructura del estadio y los tiempos de operación.
La secuencia —cambio de día, autorización express, negativa del IND y nueva mudanza— confirmó nuevamente las falencias estructurales en la planificación del fútbol chileno. Lo que buscaba ser un simple ajuste terminó en una improvisación en cadena que dejó al club, al rival y a los hinchas enfrentando modificaciones perpetuas. Un episodio que evidencia, una vez más, que la coordinación entre ANFP, clubes y autoridades sigue siendo una deuda pendiente.