El logro culminante del calvo italiano es la Copa del Mundo de América del Norte que está a punto de comenzar. La FIFA soñó con este momento durante años. Cuarenta y ocho equipos. Tres países anfitriones. Más de 6 mil millones de espectadores potenciales. El torneo más grande de la historia. El reconocimiento definitivo al fútbol como la empresa deportiva más importante del orbe. En teoría, el Mundial de 2026 se suponía que marcaría la democratización total del fútbol. En la práctica, podría terminar siendo recordada como la Copa del Mundo de los excesos, la geopolítica y la segmentación social. “El fútbol nos pertenece a todos” fue, por años, uno de los pilares narrativos de la FIFA. Lamento decir que ya no es así. Ahora los mundiales son un nuevo distrito de lujo.
EL FÚTBOL COMO LUJO
Durante años, Infantino construyó un discurso populista basado en una promesa que endulza los oídos de cualquiera: expandir el acceso a los mundiales. Más equipos clasificados. Más países representados. Más oportunidades para aquellos que lo han estado viéndolo por TV durante generaciones. Pero mientras el acceso deportivo crece, el acceso físico se contrae. Los asientos premium tenían precio de lista de hasta $30,000 dólares. Los medios financieros estiman que viajar con un equipo desde la fase de grupos hasta una posible final cuesta más de US $50,000 en entradas, hoteles, vuelos internos y transporte terrestre. Algunos tickets para la final de la Copa en Nueva Jersey están en plataformas oficiales de reventa por alrededor de $2.3 millones según The Guardian y Forbes. Todo en orden, porque en EE.UU. la reventa es industria legalizada.
LA COPA DEL MUNDO DE LAS FRONTERAS
En las últimas semanas, organizaciones de ayuda a migrantes en California, Texas, Florida e Illinois han comenzado a emitir avisos especiales para los fanáticos latinoamericanos que van a asistir a los partidos. Algunas han establecido líneas directas legales gratuitas y otras ofrecen protocolos sobre cómo actuar frente a controles migratorios o posibles procedimientos de ICE. Las políticas de EE. UU., las tensiones fronterizas y el endurecimiento del debate público sobre la migración han creado una preocupación que nunca ha sido mayor en torno a un evento deportivo tan grande. ¿Vale la pena ir a pasar malos ratos? Para un latino, ir a la Copa en Estados Unidos es como arriesgarse en el Juego del Calamar, en una hipocresía donde aquellos que hoy son despreciados son la audiencia cautiva que la FIFA tiene para el mundial. Sudamericanos, mexicanos, otros centroamericanos y latinos residentes en Estados Unidos son un componente importante de la cultura futbolística que sostiene económicamente buena parte del negocio del Mundial en América del Norte, pero serán la visita incómoda, el invitado de piedra.
EL CASO DE IRÁN Y LA GEOPOLÍTICA DEL ABSURDO
Ninguna situación ilustra mejor las contradicciones de la Copa del Mundo 2026 que Irán. El equipo iraní jugará partidos oficiales en suelo estadounidense, pero no podrá establecerse allí y dormirá en México, entrenará en México, vivirá en México y cruzará la frontera solo para jugar sus partidos. La escena parece sacada de una novela satírica de la Guerra Fría. Un equipo que clasifica para jugar en un torneo mayormente organizado por Estados Unidos no puede establecerse normalmente en el país anfitrión. Y la paradoja adquiere un aspecto aún más profundo cuando se considera uno de los principios fundacionales de la FIFA: la neutralidad deportiva.
CHINA Y EL FIN DE UNA ILUSIÓN
Durante casi una década, la FIFA vio a China como el gran horizonte de expansión con una audiencia potencial, un estado dispuesto a invertir, grandes patrocinadores y mucho interés en el fútbol. Pero la realidad fue en otra dirección. Las negociaciones por los derechos televisivos de la Copa del Mundo han sido un fiasco de magnitud para la FIFA porque China ya no acepta automáticamente las condiciones que se impusieron durante años sin discusión. Al principio, los derechos del mundial para la televisión asiática eran de unos $300 millones de dólares. Infantino se frotaba las manos, pero los chinos dijeron que no, que era demasiado. La amenaza de que el evento no se transmitiera en el país más grande del mundo no fue suficiente para los orientales, que finalmente redujeron el valor original cinco veces y llegaron a un acuerdo por US $60 millones para que la emisora estatal transmitiera el torneo.
INFANTINO Y LA POLÍTICA DEL PODER
Gianni Infantino en 2016 llegó a la FIFA con promesas de reforma, transparencia y reconstrucción institucional tras los escándalos que derribaron a Blatter. Diez años después, los resultados son contradictorios. La FIFA es más rica, más influyente, más global y política. La admiración pública de Infantino por Donald Trump (quien le otorgó el Premio de la Paz de la FIFA 2025 ¡Qué Vergüenza!) es un reflejo de esa transformación. Durante décadas, la FIFA intentó mantener una falsa postura de neutralidad frente a los grandes líderes mundiales. La máscara ha caído, hoy los rusos son castigados y no pueden competir en torneos de la FIFA por su guerra con Ucrania, pero solo ellos. Nada pasa con Israel, Irán o el propio Estados Unidos. Por supuesto, no se puede pedir coherencia a alguien que solo ve dinero. Al final, Trump e Infantino se alimentan mutuamente. Infantino necesita el aparato estatal de EE. UU. para llevar a cabo el torneo más complicado de la historia y Trump sabe del valor simbólico de estar asociado con el espectáculo deportivo más poderoso del planeta. Ambos operan desde la misma mirada y el fútbol lo usan como medio de influencia. Y Messi está en el medio. El rosarino llegó a la MLS en julio de 2023, y los hermanos Jorge y José Mas (propietarios mayoritarios del Inter Miami) le ofrecieron convertirse en el símbolo del desarrollo del fútbol en Estados Unidos como plan nacional. Le construyeron un nuevo estadio con una tribuna que lleva su nombre. Ingresará a la propiedad del club cuando se retire. La AFA construyó un centro de entrenamiento en el sur de Florida para concentrar sus operaciones en América del Norte y Leo es la cara en los posters de la Copa América 2024, la Copa del Mundo 2026 y la Copa América 2028 (juegue o no). Todo por unos buenos millones, un trato de ídolo, negocios en perspectiva y su silencio total ante lo incómodo. Messi no es Maradona.
EL TORNEO QUE EXPLICA EL MUNDO
En unos días, comenzarán los partidos. Estaremos en modo mundial y todos lo disfrutaremos colocando estos dolores de cabeza en un segundo plano. Esa es la realidad. Pero podemos alienarnos conscientemente y sabiendo que la historia más importante de este torneo ya está escrita. El fútbol, a pesar de Infantino, sigue siendo un espejo realista del mundo en que vivimos. Un mundo atravesando una era gris y violenta donde las fronteras, el dinero, la desvergüenza y el poder pesan mucho más que los bonitos discursos de unidad.