No era gran favorito el cuadro de Martín Palermo ante Coquimbo Unido por octavos de la Libertadores en Vicente López, pero de todas maneras la prensa local tenía fe en un triunfo cómodo que asegurara una revancha tranquila en el Sánchez Rumoroso. Pero dos hechos terminaron arruinando al Calamar y haciendo festejar al Hueso Pirata. Primero el penal que Diego Sánchez le atajó en doble acción a Guido Maneiro a los XX y el tanto del empate logrado por Guido Vadalá cuando corrían cinco minutos de descuento.
Poco concepto se esperaba de Palermo contra un técnico como Hernán Caputto muy curtido en todo tipo de escenarios. "Centros de gol”, se le escuchó decir al entrenador de Platense en su charla con los jugadores durante el primer cooling break. No fue una indicación de arenga. Se trató de un mensaje puntual de un experto en la materia de goles de cabeza: Martín Palermo, contó el diario Olé. Así anotó la apertura Luciano Giménez en el primer tiempo, cuando el local jugaba mejor (35').
Pero Coquimbo creció en el complemento y mereció largamente el empate. Pero llegó la jugada clave a los 83'. Olé la describe asÍ: "El zonzo penal de Riveros a Mainero se había presentado como una señal divina, un regalito totalmente sorpresivo que desató la locura de los hinchas del Calamar que se sentían en los cuartos de final en otro hito histórico para el club. Pero el sueño se convirtió en pasadilla luego de la tapada de Sánchez".
Al final, cuando la derrota por la mínima no era mal negocio, Vadalá quedó con un balón frontal y lo fusiló con un remate que se fue bajo el cuerpo del arquero. "Noche fatal" dicen en Argentina