La presentación de Cecilia Pérez como presidenta de Azul Azul marcó un giro en el discurso de Universidad de Chile con un discurso marcada de promesas. Con un mensaje cargado de identidad y pertenencia, además de la cortina del soñado estadio para la U, puso sobre la mesa la repatriación de referentes como eje del proyecto. En ese contexto aparece Alexis Sánchez, el gran nombre pendiente de esa generación, pero también un caso que obliga a mirar con lupa su presente deportivo.
Los números son el primer golpe a la ilusión. Retrocedamos a las tres últimas campañas del delantero de 37 años. En la temporada 2023/24 con Inter de Milán, el delantero disputó 33 partidos, sumó 1.139 minutos, marcó 4 goles y entregó 5 asistencias, con un promedio de 34 minutos por encuentro, evidenciando un rol secundario. En 2024/25, ya en Udinese, su participación cae de manera drástica: apenas 14 partidos, 484 minutos, sin goles ni asistencias, manteniendo el mismo promedio de minutos y mostrando una pérdida total de protagonismo.
El leve repunte aparece en la temporada 2025/26 con Sevilla FC, donde registra 25 partidos, 1.195 minutos, 3 goles y 1 asistencia, elevando su promedio a 47 minutos por encuentro. Sin embargo, ni siquiera en este escenario logra consolidarse como titular fijo ni sostener una carga completa de minutos, quedando nuevamente como una alternativa más que como eje del equipo.
El factor determinante está en su estado físico. En 2023/24 sufrió tres molestias menores que lo dejaron fuera de algunos encuentros, pero el quiebre llega en 2024/25: dos lesiones en el gemelo —una de 35 días y otra de 112 días— lo marginan por cerca de 27 partidos, rompiendo completamente su continuidad. En 2025/26, si bien mejora, vuelve a registrar un desgarro muscular y una lesión pélvica, confirmando un patrón de recaídas que condiciona su disponibilidad.
El análisis global es claro: en las últimas tres temporadas, Alexis Sánchez no supera los 50 minutos promedio por partido, suma apenas 7 goles y 6 asistencias en total, y arrastra un historial de lesiones que limita su continuidad. Ya no es un jugador de carga completa, sino uno que requiere administración física constante.
Ahí es donde el discurso institucional entra en tensión con la realidad. La U ya vivió una experiencia similar con Octavio Rivero, un fichaje con nombre y trayectoria, pero condicionado por su físico y sin impacto sostenido en cancha. Para la temporada 2026 recién podrá aparecer en varios meses más luego de ser operado por una lesión sufrida en pretemporada, distinta a las varias que tuvo en su paso por Barcelona de Guayaquil y Unión Española. Por eso la eventual llegada de Alexis se mueve en esa misma línea: un jugador que entusiasma desde el relato, pero que desde los datos no garantiza solución deportiva.
Porque mientras la U necesita regularidad, intensidad y presencia constante, el perfil actual del Niño Maravilla responde a otra lógica: la del símbolo, la del ídolo, la del regreso esperado. Un fichaje que ordena el relato, pero que no necesariamente mejora el equipo. La frase de Cecilia Pérez instala ilusión, pero los números cuentan otra historia. Y en esa diferencia entre emoción y rendimiento es donde Universidad de Chile vuelve a enfrentarse a una decisión clave: competir o recordar.