Turquía pasó de la ilusión al desastre en apenas dos partidos. La generación encabezada por Arda Güler, Kenan Yildiz y otros jóvenes talentos regresaba a una Copa del Mundo después de 24 años de ausencia con la expectativa de transformarse en una de las revelaciones del torneo. Sin embargo, su aventura terminó antes de tiempo y de la forma más cruel posible: sin marcar un solo gol.
La derrota 1-0 frente a Paraguay selló la eliminación de los dirigidos por Vincenzo Montella. Un tempranero golazo de Matías Galarza, cuando apenas se cumplía el primer minuto de juego, bastó para condenar a los turcos, que volvieron a monopolizar la posesión y las ocasiones, pero una vez más se estrellaron contra su propia falta de eficacia.
La estadística es demoledora. Turquía registró 30 remates en la derrota inicial ante Australia y otros 32 frente a Paraguay, acumulando 62 disparos sin poder celebrar una sola conquista. Se trata de un récord negativo en la historia reciente de los Mundiales, una cifra que refleja mejor que cualquier análisis la frustración de un equipo que generó situaciones, pero jamás encontró el camino al gol.
La caída ante Paraguay fue todavía más dolorosa porque llegó ante un rival que disputó todo el segundo tiempo con diez jugadores tras la expulsión de Miguel Almirón. Ni siquiera la ventaja numérica permitió romper la resistencia guaraní, que defendió con heroísmo y sostuvo una victoria que lo mantiene con vida en el Grupo D.
Tras el encuentro, las imágenes fueron elocuentes. Jugadores desconsolados sobre el césped y un Arda Güler devastado por el fracaso. "Todo el mundo está llorando", reconoció la figura del equipo, que además pidió disculpas a los hinchas por una eliminación que nadie imaginaba tan temprana. El mediocampista admitió que Turquía no estuvo a la altura de las expectativas y lamentó que el talento de la plantilla nunca se tradujera en resultados.
Lo que parecía el inicio de una nueva era para el fútbol turco terminó convertido en una auténtica pesadilla mundialista. Sesenta y dos remates, cero goles y un regreso a casa cargado de lágrimas.