No fue un hecho aislado lo expuesto el domingo en un reportaje de Canal 13, sino que fue la punta de un iceberg que seguramente traerá más coletazos. El nombre de Víctor Poblete Aguilera, conocido como “Vitoko”, ya había aparecido en el centro de las polémicas por sus vínculos con el narcotráfico y su cercanía con estructuras de poder al interior de Universidad de Chile, en una trama que también salpica al actual director de Azul Azul, Aldo Marín. Pero en septiembre de 2025, ese entramado cruzó una línea internacional.
El 18 de ese mes, Universidad de Chile visitó a Alianza Lima por los cuartos de final de la Copa Sudamericana, en un partido sin público visitante por disposición de Conmebol. En ese contexto, el ingreso de cualquier hincha azul estaba estrictamente prohibido. Sin embargo, “Vitoko” estuvo dentro del Estadio Alejandro Villanueva. No como barrista. Como “periodista”. El escándalo fue aún mayor, ya que la U venía de ser protagonista del escándalo de Avellaneda apenas un par de semanas antes.
En ese contexto, el líder de la facción “Pintalokos” de Los de Abajo, con prohibición vigente de ingreso a recintos deportivos en Chile, fue acreditado como parte de un supuesto medio de comunicación: “Radio Santiago”. Su nombre apareció en el listado oficial de prensa validado entre el club local, Universidad de Chile y la propia Conmebol. Nadie lo objetó. Nadie lo frenó y es más, compartió cabina con un medio partidario
La maniobra no fue casual. De acuerdo a antecedentes posteriores, un funcionario de Universidad de Chile habría intervenido directamente para facilitar su acreditación, permitiendo que Poblete ingresara sin controles efectivos a un evento internacional regulado. Es decir, no se trató de una falla del sistema, sino de una vulneración desde dentro.
El escándalo escaló rápidamente. Alianza Lima presentó una denuncia formal contra Universidad de Chile, acusando la infiltración de barristas mediante credenciales de prensa, luego de detectar la presencia de hinchas azules en zonas restringidas del estadio. La acusación apuntó directamente a un quiebre en los protocolos de seguridad y coordinación entre clubes.
Pero más allá del episodio puntual, el caso dejó en evidencia algo más profundo: la capacidad de un líder de barra, posteriormente vinculado a causas por narcotráfico, de operar con identidad real, cruzar fronteras y acceder a espacios exclusivos bajo la figura de periodista, en un partido oficial de Conmebol.
No es menor. Porque el mismo nombre —“Vitoko”— es el que aparece hoy en investigaciones por crimen organizado, y el mismo entorno que ya había sido expuesto en reportajes por sus vínculos con dirigentes y estructuras del club. En ese contexto, lo ocurrido en Lima deja de ser una anécdota para transformarse en una señal de alerta.
Una señal que conecta directamente con lo que ya se venía denunciando: que el problema no está solo en las tribunas. Está también en los accesos, en las relaciones y en los puentes que permiten que estos actores se muevan con impunidad incluso en el escenario internacional.