Fue intenso 1991 para Colo Colo. No sólo por ganar la Copa Libertadores y el campeonato de Primera, sino que también por su constante enfrentamiento con la ANFP. La dupla de Eduardo Menichetti con Jorge Vergara, por entonces los hombres fuertes de los albos, se enfrentaron toda la temporada a la directiva del fútbol chileno encabezada por Abel Alonso y Aurelio González. Eran pesos pesados en serio por lado y lado. Tal era la disputa, que Alonso no estuvo en el Monumental el 5 de junio la noche que Colo Colo derrotó a Olimpia y ganó la Libertadores.
No había semana donde Menichetti o Vergara no lanzaran una provocación a la ANFP, las que eran respondidas, de manera más dura e irónica, por Alonso. En el Cacique reclamaban que el fútbol chileno estaba mal administrado y que en la campaña de la Copa no los habían apoyado, haciéndolos jugar contra la UC cuatro días después de ganarle a Olimpia y con varios lesionados. Alonso, por su lado, resentía el trato prepotente y irrespetuoso de los dirigentes albos, quienes pretendían manejar la actividad a su entero gusto. Por entonces, la sede de Colo Colo, ubicada en Cienfuegos, quedaba a cuadra y media de la de la ANFP, que estaba en Erasmo Escala. Era casi un duelo de vecinos.
Durante el torneo oficial, como en 1990, los líderes naturales fueron Colo Colo y Universidad Católica, a los cuales se había sumado el aguerrido y pragmático Coquimbo Unido dirigido por José Sulantay. A falta de dos fechas, el 18 de diciembre, con los albos primeros con 41 puntos y Coquimbo segundo con 37, se jugaba un duelo definitorio entre ambos en el antiguo Sánchez Rumoroso. Por entonces, el estadio del puerto de la IV Región era una estructura modesta, con tribunas de cemento y madera y capacidad máxima, mucha gente de pie, de 12.000 personas.
Con solo cuatro puntos por jugar, en esa época el ganador sumaba dos, Coquimbo necesitaba ganar sus últimos dos partidos (Colo Colo y Cobresal) y que los albos perdieran los dos (Coquimbo y Antofagasta), para igualarlos en la tabla y forzar una hipotética final. Ya que el 18º título ya estaba casi listo, desde la directiva de Colo Colo lanzaron una nueva provocación a la ANFP: no querían recibir la copa ni dar la vuelta olímpica en Coquimbo. Esperarían a jugar con Antofagasta en el Monumental cuatro días más tarde. Como era previsible, Alonso no aceptó la exigencia alba y de todas maneras mandó la copa al norte con una delegación oficial. Se armó una polémica en los medios con declaraciones cruzadas y en ese ambiente espeso se realizó el partido nocturno.
El duelo entre los equipos dirigidos por José Sulantay y Mirko Jozic fue tenso, mal jugado, interrumpido y con pocas acciones en los arcos. El hecho que las opciones de Coquimbo para ganar el título fueran remotas y que los albos no se iban a arriesgar, hizo el trámite áspero y algo aburrido. Lo más peligroso para el local fue un remate de Marzán bien salvado por Daniel Morón. Por parte de Colo Colo hubo dos jugadas bien anuladas por el experimentado Gastón Castro: un gol en offside de Ricardo Dabrowski y un supuesto penal reclamado por todos los jugadores albos.
Luego de incómodos noventa minutos, Gastón Castro dio por terminado el partido y Colo Colo alcanzó el título. Pero en vez de festejar y abrazarse en la cancha, los jugadores del Cacique corrieron al camarín para ducharse rápidamente, cambiarse de ropa y tomar el bus rumbo al aeropuerto donde los esperaba un vuelo charter. En esos momentos llegó a la puerta del vestuario Aurelio González, vicepresidente de la ANFP, escoltado por Carabineros, con la copa en la mano. No fue recibido y luego de esperar un rato, dejó el trofeo en el suelo y se fue. El plantel salió del camarín corriendo, sin dar declaraciones y nadie se acordó de la manoseada copa posada en el húmedo piso de concreto.
Al día siguiente la polémica había estallado. La información era que la copa se había perdido. La ANFP y Colo Colo se acusaban mútuamente. La ANFP les reclamaba negligencia y falta de respeto al no recibirla. Los albos replicaban que la asociación estaba avisada, que hicieron un show innecesario al ir a tirarles la copa a la puerta del camarín. Dos días más tarde de supo que la ya muy famosa copa estaba en manos de carabineros, en algún somnoliento retén de Coquimbo.
El domingo 22 en el estadio Monumental, tal como Colo Colo quería, la copa, recuperada por la ANFP, fue entregada finalmente al capitán Jaime Pizarro tras el triunfo 1-0 sobre Antofagasta (gol de Rubén Martínez). El fin de la temporada 1991 fue un descanso para todos. Al año siguiente las peleas entre Colo Colo y la ANFP se reanudaron con la misma intensidad.