El 15 de noviembre, Agustín Arce fue convocado a la Selección Chilena adulta para un amistoso internacional ante Rusia. En ese momento, el mediocampista pertenecía a Universidad de Chile y se encontraba a préstamo en Deportes Limache desde mediados de temporada. La citación llamó la atención porque no estaba respaldada por continuidad ni protagonismo competitivo.
Los números previos al amistoso explican buena parte del desconcierto. Durante el segundo semestre de 2025 en Limache, Arce acumuló mayoritariamente ingresos breves: participaciones de 18 minutos ante Palestino, 18 minutos frente a Universidad de Chile, 25 minutos contra Deportes Iquique, 34 minutos ante Huachipato, 46 minutos frente a Colo Colo y 52 minutos contra O’Higgins, entre otros pasajes esporádicos. No registró goles ni asistencias en esos encuentros y su rol fue claramente secundario, alternando suplencias, banca y partidos sin convocatoria.
Incluso en partidos ganados por Limache, como el 1-0 ante La Serena o el 2-0 frente a Cobresal, su presencia fue intermitente o directamente inexistente. En otras palabras, antes del amistoso con Rusia no había acumulación de minutos, ni una racha de titularidades, ni impacto estadístico que explicara el salto a la adulta.
El después no corrigió la anomalía, sino que la profundizó. Tras la citación internacional, Arce disputó 90 minutos completos ante La Serena en la última fecha del torneo, en un contexto muy específico: Limache ya había asegurado su permanencia en Primera División y el objetivo central era cumplir con el reglamento Sub-21, no sostener una estructura competitiva exigente. A eso se sumaron apenas 27 minutos en Copa Chile frente a Huachipato y minutos testimoniales en la final de Copa Chile, sin incidencia real en el juego.
El cierre del ciclo es aún más revelador. De regreso en Universidad de Chile para la temporada siguiente, Francisco Meneghini simplemente no lo considera: Arce no ha sido convocado, no suma minutos y no aparece como alternativa en la rotación, quedando fuera del proyecto deportivo desde el arranque.
El balance es contundente. Antes del amistoso con Rusia, Agustín Arce acumulaba mayoritariamente ingresos de entre 18 y 34 minutos, sin peso estadístico ni continuidad. Después de la selección, solo registra un partido completo en un contexto reglamentario y un puñado de minutos aislados. Hoy, está fuera de los planes tanto del club que lo formó como del que lo recibió a préstamo.
La pregunta se impone sola: ¿qué se evaluó para llevarlo a la selección adulta? No fueron los minutos, no fue el rendimiento, no fue el impacto competitivo. El caso de Agustín Arce expone una citación desconectada del pulso real del campeonato y se transforma en símbolo de un problema mayor: en el fútbol chileno actual, a veces, se llega a la Roja sin ser relevante en ningún lado.