La entrevista concedida por Andrés Kishinevsky Rayo a Diario El Día de La Serena el pasado 24 de enero de 2026 pretendía ser un punto final. En ella, el gerente general de Club Deportes La Serena se presentó también como su propietario, negó cualquier negociación con el agente brasileño Regis Marques y calificó de “poco serio” ventilar en la prensa eventuales ventas del club. Sin embargo, lejos de despejar las dudas, sus declaraciones terminaron reforzando una sospecha que atraviesa hace años al fútbol chileno: que el poder real no siempre coincide con la escritura de propiedad.
El conflicto estalló días antes, cuando Regis Marques aseguró públicamente estar negociando la compra del club granate con Fernando Felicevich. No con Kishinevsky. No con el directorio. Con Felicevich. El brasileño incluso transparentó cifras: una oferta cercana a los 4 millones de dólares por Deportes La Serena, revelando además que su propuesta por O’Higgins había alcanzado los 8 millones, aunque finalmente el club rancagüino fue vendido al grupo de Christian Bragarnik por 6.
La contradicción es frontal. Mientras Kishinevsky se autodefine como gerente general y propietario, Marques habla de Felicevich como “el dueño actual”. Dos versiones irreconciliables que colocan al club en el centro de un problema mayor: la posible existencia de un control de facto ejercido por un agente de jugadores, algo expresamente prohibido por la legislación vigente y aún más por la reforma a la Ley de SADP que avanza en el Congreso.
Kishinevsky construyó su relato sobre tres pilares: inversión en infraestructura (cerca de 2.960 millones de pesos), desarrollo del fútbol formativo y un proyecto a diez años. Un discurso ordenado, financiero, técnico. Pero ese énfasis en el “ladrillo” contrasta con un pasado reciente imposible de borrar.
Porque Deportes La Serena ya estuvo en el ojo del huracán en 2023, cuando se filtraron más de 1.300 páginas de conversaciones de WhatsApp del entonces gerente Martín Ossandón. En esos chats quedó al descubierto que Daniel Behar —mano derecha de Felicevich en Vibra Fútbol— y el propio representante argentino tomaban decisiones clave: fichajes, despidos, comunicados de prensa, relación con la ANFP e incluso la salida de referentes históricos como Humberto Suazo.
En uno de los mensajes más reveladores, Ossandón le pregunta directamente a Behar cómo debía presentarlo ante terceros: “¿Como mi jefe? ¿Como asesor deportivo del presidente?”. La frase resume la arquitectura del poder: una estructura formal hacia afuera y una cadena de mando paralela hacia adentro.
La llegada de Kishinevsky a La Serena a fines de 2024 marca una nueva etapa de ese mismo modelo. Ingeniero comercial, con quince años en el sistema financiero, su perfil encaja perfectamente con los actuales requerimientos de compliance de la CMF y la UAF. Profesionaliza la fachada, ordena balances, invierte en activos fijos. Pero su trayectoria también levanta alertas: antes de aterrizar en La Portada, realizó una “pasantía” en Deportes Colina, otro club históricamente vinculado a Felicevich y cuya propiedad fue traspasada en 2023 a un “privado” cuya identidad nunca se transparentó.
El patrón se repite: figuras financieras que aparecen como dueños formales mientras el armado deportivo sigue orbitando en torno a Vibra Fútbol. En La Serena, durante 2025 y el arranque de 2026, varios jugadores representados por la agencia de Felicevich han sido protagonistas del plantel, consolidando al club como una plataforma de exposición y valorización de activos.
Este esquema —conocido en el ambiente como modelo de “club plataforma”— permite a las agencias mover futbolistas entre distintos puntos de influencia sin figurar directamente en la propiedad. La Serena, Huachipato, Unión La Calera y la Universidad de Chile aparecen recurrentemente en investigaciones periodísticas que describen estas redes.
El “portazo” de Kishinevsky a Regis Marques también tiene lectura legislativa. Con una nueva Ley de SADP en curso, que prohíbe taxativamente la participación de representantes en clubes y endurece las sanciones por multipropiedad, admitir cualquier negociación indirecta sería abrir la puerta a multas millonarias, obligación de vender acciones e incluso desafiliación. El senador Matías Walker ha sido claro: el objetivo es terminar con el control encubierto de los representantes sobre las instituciones deportivas.
Por eso, más que una declaración de independencia, la entrevista de Kishinevsky parece un acto de defensa jurídica.
Hoy, la pregunta sigue intacta: ¿quién manda realmente en Deportes La Serena?
Formalmente, Andrés Kishinevsky Rayo. En los papeles, él compró las acciones a Soccer Invest SpA. Pero en la práctica, las palabras de Regis Marques, el historial del club y los chats filtrados dibujan otra realidad: Fernando Felicevich continúa siendo el eje del poder, aunque su nombre no figure en el registro de accionistas.