La noche en que Boca Juniors arrancó con un triunfo su camino en la Copa Libertadores 2026 frente a Universidad Católica en el Claro Arena (2-1), tuvo un capítulo paralelo fuera de la cancha. Horas antes del partido, autoridades chilenas deportaron a Mauro Martín, uno de los líderes más reconocidos de La 12, la barra brava del cuadro argentino, luego de impedirle el ingreso en el aeropuerto de Santiago por sus antecedentes.
El episodio no fue casual. Martín arrastraba un historial que lo tenía identificado por organismos de seguridad, tanto en Argentina como a nivel internacional. Su nombre figuraba en registros vinculados a violencia en el fútbol, lo que activó los protocolos de inadmisión en Chile en el marco de un evento de alto riesgo como un partido de Copa Libertadores. Así, el barra fue notificado y devuelto en el primer vuelo disponible, sin siquiera pisar un estadio.
Pero, ¿quién es Mauro Martín y por qué su presencia genera alerta? Se trata de uno de los hombres más influyentes en la historia reciente de La 12. Durante años fue la mano derecha de Rafael Di Zeo, el líder histórico de la barra, y tomó protagonismo a partir de 2007, cuando este fue encarcelado. Desde entonces, Martín pasó a comandar la organización en un período marcado por disputas internas, violencia y una fuerte pugna por el control de la tribuna.
Su nombre también aparece ligado a diversos hechos policiales. En 2012 fue baleado en medio de una emboscada entre facciones de la barra en Argentina, en uno de los episodios más crudos de la interna xeneize. Al año siguiente, fue imputado por el homicidio de Ernesto Cirino, causa en la que posteriormente fue absuelto por falta de pruebas. A eso se suman detenciones, sanciones y prohibiciones de ingreso a estadios, que han marcado su trayectoria.
Más allá de los hechos judiciales, el peso de Martín se explica por el rol que cumple la barra dentro del ecosistema del fútbol argentino. La 12 no solo actúa como grupo de animación en las tribunas, sino que históricamente ha tenido injerencia en circuitos informales ligados a entradas, estacionamientos y otras actividades alrededor de los partidos. En ese entramado, sus líderes adquieren una influencia que trasciende lo deportivo.
En los últimos años, tras períodos de distanciamiento y prohibiciones, Martín volvió a compartir protagonismo con Di Zeo en la conducción de la barra, en una relación marcada por tensiones, pero también por acuerdos estratégicos. Su figura, por tanto, sigue siendo central en el mundo de Boca Juniors, especialmente en contextos internacionales.
Por eso, su intento de ingresar a Chile en la previa del duelo ante Universidad Católica no pasó desapercibido. La respuesta de las autoridades fue inmediata y se enmarca en una política más estricta respecto al control de hinchas con antecedentes en competiciones internacionales.
Mientras Boca celebraba en la cancha un triunfo trabajado en su estreno copero, la historia de Mauro Martín volvió a instalarse fuera de ella: como símbolo de un fenómeno que el fútbol sudamericano sigue sin poder erradicar del todo.