Lucas Cepeda volvió a estar ausente en el último amistoso albo en Montevideo. Claro, en horas de la tarde se comenzó a mencionar que la oferta realizada por el Elche CF había sido aceptada y con ello se concretaba su anhelado paso al fútbol europeo, ese que a mediados de 2025 había sido frustrado por su casa de representación. Pero la historia del porteño en el Monumental estuvo lejos de arrancar con esas luces.
En febrero de 2024, y tras disputar el preolímpico de Venezuela siendo una de las buenas piezas del equipo de Nicolás Córdova, el Cacique lo presentó como su segundo fichaje. No fue por petición del entrenador Jorge Almirón respondiendo a una solicitud de la gerencia técnica. Para otros, también se presentó como una opción de. mercado para un jugador de proyección que tenía el mismo represenante que Arturo Vidal, el flamante refuerzo que retornaba a Macul tras una carrera brillante. En otras palabras, "un pack".
La inversión no fue menor. Colo Colo pagó US$ 500.000 por el 50% de su pase a Santiago Wanderers durante 2024. Meses después, a fines de ese mismo año y cuando Cepeda ya era figura, titular indiscutido y con presencia en la Selección, el club tomó la decisión de comprar el porcentaje restante, desembolsando US$ 1,5 millones adicionales. En total, US$ 2 millones por el 100% de sus derechos económicos, una cifra que lo ubicó entre las compras más altas de la historia alba.
Pero nada de eso se reflejó de inmediato en la cancha. Sus primeros meses fueron irregulares: banco, minutos residuales, partidos sin impacto y varias convocatorias sin participación. En los primeros 15 partidos con la camiseta alba sumó apenas 119 minutos y por eso para muchos, el fichaje no se explicaba desde lo deportivo. Cepeda parecía un proyecto sin espacio, más cercano a una apuesta que a una solución.
El punto de quiebre llegó a partir de julio de 2024. Con más continuidad, empezó a consolidarse dentro del esquema de Jorge Almirón. Pasó de ser un recambio a una pieza funcional, y luego a una titularidad sostenida. Su crecimiento no fue explosivo, sino progresivo: mejores decisiones, mayor influencia en el juego, más participación directa en el marcador y una presencia constante en partidos grandes.
Su etapa en Colo Colo se cierra con números concretos: 72 partidos oficiales, 15 goles, 8 asistencias y más de 5.100 minutos jugados. Para un jugador de banda, son registros que hablan de regularidad más que de rachas. Cepeda dejó de ser un nombre periférico para convertirse en una solución real.
Ese crecimiento tuvo un correlato inmediato: la Selección Chilena. En 2024 debutó por las Clasificatorias al Mundial 2026 y ese mismo año marcó sus primeros goles con la Roja, confirmando que ya no era solo una promesa del medio local, sino un jugador con proyección internacional.
Consolidado en Colo Colo y validado en la selección, su nombre comenzó a circular en el mercado europeo. A comienzos de 2026, el Elche de España presentó una oferta que rondó los US$ 3 millones, sacando réditos (aunque no tantos) para la alicaída billetera alba.
Así, la historia de Cepeda en Macul terminó siendo una de transformación. De refuerzo cuestionado, asociado a un “pack” y sin espacio real, a figura, seleccionado y venta millonaria. No fue una aparición fulgurante ni un fenómeno inmediato. Fue un proceso. Y en tiempos donde el fútbol chileno carece de exportaciones valiosas, su caso se transformó en una excepción.