Los whatsapp del ecosistema de representantes volaban los chistes ayer cuando se supo que José Ramón Correa compraba el 21,44% de las acciones de la familia Schapira. Donde se conocen todos y saben cuánto calza cada uno, era imposible creer que esa cantidad de dinero viniera del abogado e integrante del directorio de Azul Azul nombrado por Michael Clark. No ayuda a la claridad del negocio que la sociedad que desembolsó los 6.700.0000 millones de pesos (7,5 millones en dólares), Romántico Viajero SpA, se constituyó apenas el 21 de noviembre en la notaría de San Martín, con un capital social de un millón y cien acciones sin valor nominal. Treinta y seis días después el capital subió 6.700% para adquirir las acciones de los Schapira.
Magia. Pura magia contable.
Correa es bien conocido entre los hinchas de Universidad de Chile. De modales amables, llevó los alegatos azules en la Conmebol luego de los graves incidentes en el Campeones de América luego del catastrófico partido contra Independiente en la Copa Sudamericana. También ha salido a dar la cara en varias polémicas con Aníbal Mosa granjeándose popularidad entre los hinchas de la U.
Un ex integrante del directorio de Universidad de Chile, al saber la noticia ayer, reaccionó con sorpresa irónica y sentenció "No tiene la plata". Esta compra tan gris tiene coherencia por la forma en que los actuales dueños de Azul Azul han adquirido el 80% del paquete accionario desde 2021. Nunca se sabe de dónde viene exactamente la plata. Las de Tactical Sports, hoy Antumalal, eran un préstamo ilegal de un fondo llamado Sartor Leasing a través de una empresa inespecífica de nombre Inversiones Cerro El Plomo. La compra de ayer genera las mismas o más preguntas. Veremos que dice la Comisión para el Mercado Financiero en este último caso.