Imagina ser delantero centro de clubes como Boca, Olimpia o Newells y no anotar un gol en casi dos temporadas. Eso es lo que le sucedió a Darío Benedetto, ex delantero centro del Xeneize y por muchos años uno de los mejores atacantes del fútbol argentino, incluso siendo seleccionado nacional. 172 partidos jugados con Boca marcando 71 goles y pasos positivos por América de México y Marsella para redoeandar una carrera con buenos números.
Pero de pronto la chispa se apagó. El 5 de febrero de de 2024 le anotó a Tigre por el campeonato argentino y desde entonces no sumó un sólo gol. Benedetto va camino a los dos años sin anotar, es que tras su salida del club de la Ribera se puso la camiseta de Querétaro en la Liga MX y se marchó tras 8 partidos sin éxito y una lluvia de críticas por el alto valor de su contrato, cercano al millon de dólares por temporada.
Luego se mudó a Paraguay, dónde jugó para Olimpia bajo las órdenes de Martín Palermo, su ídolo. Ni los consejos del Titán lo ayudaron a quebrar la mala racha frente al arco en 13 compromisos. Por último, su regreso al fútbol argentino para vestir los colores de Newell’s tampoco fue exitoso. En poco más de cuatro meses, Benedetto disputó 9 encuentros con el combinado rosarino, dónde tampoco logró anotar.
En total son 38 los partidos entre Boca, Queretaro, Olimpia y Newells en el que Pipa no logró convertir un gol. A sus 35 años podría parecer una invitación a dejar el fútbol, algo que el propio delantero admitió pensar en más de una ocasión. Ahí apareció la imagen de su histórico manager y amigo Christian Bragarnik, empresario argentino y hoy uno de los dueños de O'Higgins: "Tiene las puertas abiertas por si quiere venir", dijo ante la opción de que Benedetto aterrice en Rancagua.
Bragarnik y Darío “Pipa” Benedetto mantienen una relación que va más allá del clásico vínculo representante–jugador: Bragarnik ha sido el agente clave en los grandes movimientos de la carrera de Benedetto y, además, fueron parte del mismo grupo inversor en el Elche CF, donde Bragarnik tuvo el control del proyecto y Benedetto contó con una participación accionaria minoritaria, algo que el propio delantero reconoció públicamente al señalar que “tener acciones del Elche” le generaba un mayor compromiso. No tuvieron una sociedad deportiva en igualdad de poder, pero sí compartieron intereses dentro del club: Bragarnik como conductor del modelo y Benedetto como jugador de su órbita y socio inversor, una combinación poco habitual en el fútbol europeo y muy representativa del “ecosistema Bragarnik”.
Demasiada cercanía que ya empieza a rondar en Rancagua. La lupa tendrá que ser puesta minuciosamente en los celestes que tendrán que armar un planter para disputar la fase previa de la Copa Libertadores y volver a ser competitivos en el torneo nacional. Por ahora Bragarnik ya comienza a mostrar su mano como dueño de O'Higgins.