Si había alguna duda sobre la vigencia de Lionel Messi, el capitán argentino se encargó de despejarla una vez más. A pocos días de cumplir 39 años, el rosarino volvió a ser determinante en una Copa del Mundo y condujo a Argentina a una victoria clave frente a Austria, un rival que llegaba fortalecido tras su estreno y que durante largos pasajes del encuentro obligó a los campeones del mundo a exigirse al máximo.
La selección dirigida por Lionel Scaloni llegaba al compromiso con la confianza que había dejado el estreno ante Argelia, donde Messi firmó un triplete. Sin embargo, el duelo ante los austríacos prometía una exigencia mucho mayor. Ambos equipos habían ganado en la primera jornada y el vencedor daría un paso gigante hacia la clasificación. En un estadio AT&T de Dallas repleto de hinchas argentinos, la expectativa estaba puesta en el "10", que además tenía una motivación extra: romper definitivamente el empate que mantenía con Miroslav Klose como máximo goleador de la historia de los Mundiales.
El encuentro comenzó con intensidad y Argentina tuvo una oportunidad inmejorable para ponerse rápidamente en ventaja. Una infracción sobre Lautaro Martínez derivó en penal y Messi tomó la responsabilidad. Sin embargo, contra todo pronóstico, el capitán envió su remate fuera del arco. El estadio quedó en silencio por unos segundos y Austria encontró confianza para adelantarse algunos metros en el campo. Fue uno de esos raros momentos en que el mejor jugador del planeta parecía humano.
Pero los grandes futbolistas suelen responder precisamente cuando aparecen las dificultades. Lejos de esconderse tras el error, Messi siguió pidiendo la pelota, participando de cada ataque y generando peligro constante. Austria resistió durante gran parte del primer tiempo gracias al trabajo defensivo de David Alaba y Kevin Danso, mientras Sabitzer intentaba inquietar en ofensiva. Aun así, la sensación era que el gol argentino estaba cada vez más cerca.
La recompensa llegó a los 39 minutos. Una gran combinación por la izquierda terminó con un balón que cruzó el área y encontró a Messi en posición de remate. El rosarino definió con la calidad de siempre para abrir el marcador y desatar la locura albiceleste en Dallas. No fue un gol cualquiera. Con esa conquista alcanzó las 17 anotaciones en Copas del Mundo y superó definitivamente a Klose para convertirse en el máximo goleador histórico del torneo más importante del planeta. Cuatro décadas después del legendario doblete de Diego Maradona ante Inglaterra en México 1986, otro argentino escribía una página dorada en la historia mundialista.
El segundo tiempo mostró una versión más pragmática de Argentina. Con la ventaja en el marcador, los sudamericanos apostaron por controlar la posesión y administrar los tiempos del partido. Austria intentó reaccionar y generó algunas aproximaciones que obligaron a intervenir a Emiliano Martínez, aunque nunca logró traducir su esfuerzo en ocasiones realmente claras. Enzo Fernández volvió a ofrecer una actuación sobresaliente en la mitad de la cancha, mientras Rodrigo De Paul y Alexis Mac Allister sostuvieron el equilibrio de un equipo que parece tener muy claros sus mecanismos de juego.
Con el correr de los minutos, los europeos fueron adelantando sus líneas y Argentina encontró espacios para liquidar el encuentro. Nico González estuvo cerca de conseguirlo, pero el segundo gol se hizo esperar hasta el tiempo agregado. Cuando Austria empujaba con más corazón que fútbol, apareció nuevamente el hombre de siempre. Tras una serie de rebotes dentro del área, Messi luchó la jugada, insistió ante la marca rival y terminó enviando la pelota al fondo de la red para sellar el 2-0 definitivo. Un gol de oportunismo, talento y determinación que coronó otra actuación memorable.
El pitazo final confirmó mucho más que una clasificación. Argentina sumó su segunda victoria consecutiva, aseguró su presencia en los dieciseisavos de final y ratificó que sigue siendo uno de los principales candidatos al título. Pero además dejó una certeza que se repite torneo tras torneo: mientras Lionel Messi siga en la cancha, cualquier objetivo parece posible. El campeón del mundo avanza con paso firme y, una vez más, de la mano de su máxima leyenda.