La reciente propuesta de la ANFP de hacer que los clubes aporten más de 1.700 millones de pesos para financiar las divisiones juveniles revela el desgaste interno del liderazgo de Pablo Milad y lo sitúa “contra las cuerdas”, con el Consejo de Presidentes y los directores observando cada movimiento con creciente desconfianza. ¿Cómo puede esto detonar una salida anticipada del presidente del fútbol?
La ANFP funciona con una arquitectura política donde el Presidente encabeza la gestión, pero no gobierna solo. Su autoridad convive con dos estructuras que actúan como contrapesos decisivos: el Directorio, que comparte la administración diaria, y el Consejo de Presidentes, que en los hechos es el órgano superior del sistema. La continuidad de cualquier presidente —incluido Pablo Milad— depende de mantener alineadas esas dos fuerzas. Cuando una de ellas se quiebra, o peor aún, ambas, la estabilidad se derrumba.
La herramienta más explícita para remover a un presidente es la censura. El estatuto vigente establece que el Consejo de Presidentes puede votar la destitución del timonel, pero exige un quórum extremadamente alto: cuatro quintos de los clubes con derecho a voto deben aprobar la medida. Los clubes de Primera División poseen dos votos y los de Primera B uno, por lo que el universo total bordea los 48 votos ponderados. Para concretar la censura se requieren alrededor de 39, un escenario prácticamente imposible en la política real del fútbol chileno. La censura existe en el papel, ha sido invocada como presión en ciertos momentos, pero nunca ha sido exitosa en la historia contemporánea de la ANFP.
Más efectivo que la censura ha sido el mecanismo silencioso que terminó derribando a Sebastián Moreno en 2020: la renuncia masiva de los directores Martín Iribarne, Raúl Jelvez y Arturo Aguayo. Con ese nivel de desintegración, Moreno quedó sin quórum, sin capacidad operativa y sin respaldo político. El estatuto obliga a que, ante una renuncia, el Directorio proponga reemplazantes y que el Consejo de Presidentes los apruebe. Si el Consejo rechaza esos nombres —como ocurrió—, se debe convocar a una nueva elección del Directorio completo, incluido el Presidente. Ese vacío institucional dejó a Moreno sin piso y terminó forzando su renuncia. Fue una salida política presentada públicamente como una decisión personal.
Esa fórmula puede repetirse con Pablo Milad. No requiere quórums calificados ni reformas legales, solo un acuerdo político entre los clubes para iniciar una desbandada en el Directorio. Si parte de los directores renunciara y el Consejo rechazara a los reemplazantes propuestos, la ANFP estaría obligada a convocar a nuevas elecciones. En ese escenario, el Presidente pierde su cargo automáticamente. Es, de hecho, la vía más factible cuando el malestar interno supera el nivel de control del Presidente.
Una tercera opción es la renuncia del propio presidente. El estatuto contempla este camino de manera simple: si el Presidente dimite, se convoca al Consejo para elegir un reemplazante por el tiempo restante del período. Aunque formalmente es una salida voluntaria, nunca sucede sin un desgaste político profundo. La renuncia aparece cuando ya no existe apoyo mayoritario, cuando los clubes exigen un giro de conducción o cuando el contexto deportivo vuelve insostenible la permanencia del líder. Es la fórmula más usada históricamente, tanto en momentos de crisis deportivas como institucionales.
Existe además un factor adicional: la conexión directa entre la ANFP y la Federación de Fútbol de Chile. El presidente de la ANFP es también el presidente de la Federación, y los estatutos de esta última señalan que sus miembros pueden ser removidos por la propia ANFP. Por lo tanto, la caída en un organismo acarrea automáticamente la caída en el otro. Este vínculo duplica la presión sobre la figura presidencial, ya que un quiebre interno en la ANFP repercute de inmediato en la gobernanza del fútbol chileno a nivel federativo.
Más allá de las disposiciones formales, existe un elemento que no aparece en los estatutos pero es igual de determinante: la legitimidad deportiva. La ANFP vive de los resultados de la selección, de la estabilidad del torneo local y de la proyección internacional del fútbol chileno. Cuando esas áreas fallan simultáneamente, el presidente queda expuesto. Un mal ciclo en La Roja, decisiones administrativas criticadas o conflictos con clubes y organismos externos profundizan la erosión política.
En conclusión, la salida anticipada de un presidente como Pablo Milad puede darse por tres rutas: una censura formal casi imposible de ejecutar, una desintegración del Directorio que obliga a nuevas elecciones o una renuncia derivada del desgaste político. En la práctica, la política interna decide más que los estatutos. Las reglas entregan el procedimiento; los clubes, el desenlace.