El golpe económico que enfrentan Colo Colo y Universidad de Chile por los castigos de la Conmebol no es solo consecuencia de hechos aislados: es el resultado directo de la falta de control en sus tribunas y de una gestión que, una vez más, subestimó los riesgos de la violencia en el fútbol. Hoy, según aseguró el abogado deportivo Marcelo Bee Sellares a través de su cuenta de X, tendrá a ambos clubes peleando por el TAS la reducción de las sanciones.
En el caso de Colo Colo, la sanción por los incidentes en el duelo ante Fortaleza en la Copa Libertadores —con suspensión del partido, multas y la obligación de jugar cinco encuentros sin público en el Monumental— refleja un problema que se viene repitiéndo año tras año. A pesar de las advertencias y de los antecedentes recientes en el torneo local, el club permitió el ingreso de elementos prohibidos y la instalación de grupos violentos que controlan sectores del estadio sin oposición real. El costo será enorme. Las estimaciones internas hablan de pérdidas que podrían superar los cinco millones de dólares, considerando la recaudación perdida, la multa y el daño comercial. Un castigo que no solo golpea las arcas del club, sino que deja en evidencia una incapacidad crónica para mantener el orden en su propio recinto.
Universidad de Chile atraviesa una situación aún más compleja. La Conmebol aplicó una sanción histórica tras los incidentes en Avellaneda: catorce partidos sin público —siete como local y siete como visitante— y multas que superan los 350 mil dólares. En Azul Azul reconocen que las pérdidas podrían alcanzar los siete millones de dólares, una cifra devastadora para un club que había proyectado sus ingresos de 2025 en torno al avance internacional. Pero más allá de los números, lo que preocupa es el fondo.
Lo que une a ambos casos es la pasividad dirigencial. Colo Colo y la U fueron notificados en reiteradas ocasiones por Conmebol sobre la necesidad de reforzar protocolos, pero prefirieron mirar hacia el costado. Hoy pagan el precio de esa inacción, no solo con sanciones deportivas, sino con un golpe financiero que compromete su planificación anual. En el Monumental y en el Centro Deportivo Azul se repite el mismo discurso: apelarán, buscarán rebajas, tratarán de “negociar”. Pero lo cierto es que ni el TAS ni los comunicados pueden reemplazar las medidas que nunca tomaron.
La sanción, en definitiva, es un síntoma de algo más profundo: el deterioro de la gobernanza en los dos clubes más populares del país. Mientras las dirigencias se preocupan por litigios, fichajes o disputas internas, las tribunas siguen siendo tierra de nadie. Los castigos de Conmebol no solo exponen una pérdida económica, sino un fracaso institucional. En un fútbol que se esfuerza por proyectar modernidad y gestión, Colo Colo y la U siguen atados a los mismos fantasmas de siempre: descontrol, improvisación y ausencia de autoridad.