No diremos que Fernando Ortiz estaba exultante tras ganar en el Ester Roa, pero al menos se le veía muy feliz con el triunfo en los descuentos sobre la Universidad de Concepción. Un partido que pudo perder si Watterman hubiese aprovechado algunas de las contras y termina ganando con un cabezazo a pie firme en el área chica en los descuentos de Javier Correa. "Tengo unos huevos gigantes" dijo Correa tras el partido sacándose la mufa de una temporada que arrancó muy mal, con lesiones y pocos goles.
Pero más allá del la frase de Correa,muy argentina por lo demás, la pregunta sigue vigente desde la derrota con Palestino en el Monumental la semana pasada o, seguro, desde que comenzó el campeonato 2026 ¿Hay un margen para que este Colo Colo mejore? ¿O basta con ganar apenas semana por medio y mantenerse en la punta porque el nivel del campeonato es de una mediocridad e irregularidad pocas veces o nunca vista en nuestro fútbol?
La gran novedad ayer fue que, ausente Vidal, Ortiz no se complicó las cosas y puso línea de cuatro con tres volantes de ida y vuelta, más cómodos en la refriega que en la creación. Con eso zafa, como zafaba con la línea de cinco con Vidal de líbero bien arropado. No le llegaban, pero tampoco llegaba. Ayer en el primer tiempo no llegó mucho y en el segundo por las mismas. Al final, no es Vidal el que frena el equipo, el equipo siempre juega en segunda velocidad.
Lo resumo asÍ: Ortiz juega con línea de cuatro o de cinco y tres volantes, que pueden ser dos mixtos y uno de salida o tres mixtos como ayer. OK ¿De qué juega Pastrán? ¿Aquino sirve o no sirve? Marchant, Hernández y Cuevas, se van rotando según la semana pero ninguno termina por ganarse la camiseta. Romero cumple, pero está lejos de ser un centrodelantero indiscutible y Correa, a pesar de sus huevos gigantes, no es confiable. El promedio de goles es 1.1.
¿En algún momento este Colo Colo pasará del equipo que gana apenas y lleno de dudas a jugar como un real protagonista? Van once fechas y ya no se puede decir que está en rodaje o que "los muchachos todavía no asumen la idea". La idea la vemos semana a semana y parece que ya tocó techo. Un equipo romo, soso, que gana por el peso de la camiseta o aparece alguna individualidad. Generar ocasiones de gol, y convertirlas, se ha transformado en los albos en una complicación. No hay una mecánica de ataque, hay chispazos o jugadas aisladas. No es una constante. Y cuando el equipo se decide a atacar, termina metiendo ollazos.
Veremos que hará Mosa en el mercado de pases una vez terminada la primera rueda. Si trae al menos dos jugadores que puedan remover al plantel, como ocurrió con Jaime Valdés hace un década. Lo cierto es que este Colo Colo eternamente en rodaje va a llegar al cruce de caminos: explota y se convierte en un cuadro ofensivo y contundente o termina derrapando en el algún momento por su falta de gol. En modo inercia no alcanza.